lunes, 26 de enero de 2015

"Inspiration", de "Angel" / "Opus 23", de "Marie Antoniette" / "End Title", de "Changeling"

Incluso hay algo más en el mensaje de la música, cuando se interpreta
al piano, que transmite el sentimiento que emana de la cercanía y la
pasión de quien te está sugiriendo, quizá suspirándote.
"En la música es acaso donde el alma se acerca más al gran fin por el que lucha cuando se siente inspirada por el sentimiento poético: la creación de la belleza sobrenatural".
(Edgar Allan Poe).
  
Y aunque la música describe los sentimientos que brotan del corazón, como lo hace la poesía, y como dijo Matthew Bellamy, "Hay algo en la música que obviamente está más allá del lenguaje mismo. Es comunicación en su forma más pura". Y yo pienso que "Hay algo en el mensaje del piano, más allá de la misma música, que describe lo que ya no puede transmitir ni siquiera un suspiro, una lágrima, una sonrisa... ni siquiera un beso de amor".
  
La inspiración no sólo llega de la interpretación
de la partitura de la música, sino del efluvio que
produce la imaginación, junto con el talento
creativo y la pasión por lograr la originalidad
de una obra ("La femme en rouge, de Boldini)
De cualquier forma, en la música, para conseguir la fidelidad del mensaje que se crea en la imaginación, desde el talento que más o menos se puede tener, con las notas y acordes que se interpretan, es necesaria la inspiración, es decir, ese estímulo que aparece en la capacidad creativa y que da como resultado lo más parecido a una genialidad o, al menos, a una obra fiel a lo que pudimos imaginar. Y... ¡qué mejor! para describir esa emoción, la de la inspiración, que el tema "Inspiration", de Philippe Rombi, perteneciente a la BSO de "Angel". Por cierto, tema éste que incluiré en el "Volumen 14", un especial que ya he subtitulado como "La evocación". Pero también es necesaria otra otra clase de inspiración, y es aquella con la que nosotros interpretamos la música que nos llega de su autor; es decir, la impresión con la que escenificamos en nuestra imaginación el mensaje que inicialmente nos transmitía esa música. Tal es así, y como ejemplo, la sensación que le producía a Juan Garodri, según me comentaba, era la de "estar junto a la orilla del mar, sintiendo la sensación gratificante y magnífica del manso ir y venir de las olas", mientras escuchaba "la suavidad de las notas del piano, con que empieza el tema, para adentrarse poco a poco en la ensoñación y en el recuerdo". O la emoción que a mi, en cambio, me transmite ese poema musical llamado "Inspiration" y del que me llega, intensamente, una nostálgica evocación que se queda, precisamente, allá en el tiempo, con todas sus escenas del pasado. Es esa la evocación con la que he subtitulado ese "volumen 14" de esta obra literario-musical.
 
Ese halo de misterio que, en ocasiones, transmite la música
del piano, nos cautiva y nos lleva a ese universo oculto en
nuestros sueños. Son los caprichos de las notas y acordes
los que nos pueden hacer perder la realidad para llevarnos
a ese ese escenario de fantasía que imaginamos.
He querido seguir en este "Volumen 12" de "La música más hermosa del mundo", la primera parte de un álbum al que puse el nombre de "La niña del vestido blanco", y en el que encontré esa inspiración que aparece, en ocasiones, cuando te dejas llevar por la vehemencia y el entusiasmo de la imaginación, cuando escuchas esa música que te transmite el mismo sentimiento que ya percibías en el alma. Pero... es ahora, en los temas que interpreta el piano en los que he querido detenerme, porque hay algo en su mensaje, que no creo encontrar en la impresión que me produce la música de otros instrumentos o de la conjunción y armonía de algunos de ellos. El lenguaje del piano me parece, a veces, igual que lo hace el violín o cello, como el de una persona muy afín a ti, que tienes muy de cerca y que te habla con el corazón, puede que con la intimidad de sus sentimientos.
En la interpretación, aquella que hacemos nosotros de la música
que nos llega del autor, influye el mensaje oculto, aunque
sugerente de esa fantasía que aparece en la escena cercana.
  
Pero el piano tiene también su halo de misterio, tiene ese mensaje oculto, pero sugerente, porque se acerca en su insinuación a la escena que en ese momento se representa en tu fantasía. Es el ejemplo del tema que incluyo a continuación y cuyas notas no hacen más que... sugerir la representación de ese escenario.     
   
Se trata del tema “Opus 23”, de Dustin O'Halloran, de la BSO de “Marie Antoniette“. Y es que aparte de las consideraciones que hice anteriormente sobre "la inspiración" y la emoción que expresa la interpretación de una determinada partitura musical, tuve otros motivos para elegir el tema. Primero, quise hacer un homenaje al sonido único y de "acústica romántica" de Pleyel, el piano con el que O´Halloran interpreta este tema, el mismo con el que el compositor y pianista Carlos González (mi sobrino) versionó el tema "Anette", que yo subtitué “Encuentro en el Sena” y lo convirtió, porque yo se lo sugerí, en el tema “La belle dame de La Seine”, como icono y “Love theme” de la Colección.
  
Al parecer, Chopin gozaba de su plenitud cuando
tocaba su piano Pleyel, junto a George Sand.
Pero, también porque Pleyel fue piano con el que solía interpretar Liszt y Chopin su estilo más romántico. Chopin decía: “Cuando percibo que siento energía y fuerza suficiente para encontrar mi propio sonido necesito un piano Pleyel”.

Finalmente, y volviendo al marco en el que se escenificaba el personaje del mago "encantador" del cuento, podemos percibir, en la interpretación musical del tema "Opus 23", el sentimiento de abatimiento por el desengaño que había sufrido el viejo mago. Es algo muy parecido a la descripción que quiere reproducir parte de aquellos versos que una vez escribí:
  
“Siento abatirme en mi desengaño,
todo me abruma, sin esperanza,
ya no hay colores, en azul cielo;
solo hay distancia y un gran silencio,
se ha ido la vida, se ha muerto el sueño”.
  
Y en cuanto al último tema que hoy he incluido en esta crónica musical, se trata, precisamente, de “End Title” ("Título final"), de Clint Eastwood de la BSO “Changeling" ("El intercambio"). En este pequeño poema, el piano inunda la melodía de nostalgia, y acompañado de la cuerda, dibuja luego en mi fantasía la fascinación de esos sueños que nos tientan en el alma y, a veces, nos llevan al universo del olvido, o incluso al abismo. Que decía Rusty, "el amigo del viejo mago":
  
Cuidado con los sueños y su hechizo, sus sirenas, que de azules
se nos visten, confortando nuestras penas, y entre música y
sus cantos, nos torturan las esperas.

Pues cuidado con los sueños
 que nos cantan las sirenas;
con su encanto nos seducen,
 y se sirven de su embrujo,
y nos miran ruborosas,
pues se saben son hermosas.
  
Y acarician, zalameras,
 consolando nuestras penas,
que gozando de su abrazo
y del jugo de sus besos,
nos perdemos en sus mares,
y en sus locos solazares,
que de tantas ilusiones
nos perturban nuestra espera.
  
(Los dos poemas en azules, de mis versos "cursis y empalagosos": "Versos al atardecer")

Por lo que se refiere a los films, de los que hemos extraído sus bandas
Clint Easwood, el prestigioso cineasta americano,
también compositor y pianista, ha facturado
excelentes trabajos de música para el cine.
sonoras, "Angel", película francesa de Francoise Ozon, producida en 2007 y con música de Philippe Rombi, ya la mencionamos en la crónica anterior, a propósito de otro de sus temas. En cuanto a "Marie-Antoinette", producida en 2006, es una película de Sofia Coppola, con algunos temas del compositor Dustin O´Halloran. como el que nos ocupa aquí. Finalmente, "El intercambio" (Changeling), un gran trabajo de cine dirigido por Clint Easwoold, producido en 2008 y protagonizado nada menos que por Angelina Jolie, y cuya banda sonora es del mismo Clint Easwood, lo que podría sorprender a quienes no conocieran entre sus prolíficas dedicaciones al cine, sus incursiones en la música para sus bandas sonoras y en sus interpretaciones al piano.
  
Una gran frase fue aquella de Edward Elgar:
  
Cuando nos envuelve la trama de un libro, lo que nos sugiere,
cuando cerramos los ojos y escogemos la música que nos
entiende, esa que nos acaricia, la imaginación hará el
resto y la escena quedará plasmada en una pintura
que colgaremos en la galería de nuestros sueños.
("Mujer en jardín", del madrileño Vicente Romero)
"Mi idea es que hay música en el aire.
La música nos rodea, el mundo está lleno de ella y cada cual simplemente toma la que necesita".
  
Y si aquella otra frase de John Lennon, aquella de su canción "Strawberry Fields Forever", la que decía "Vivir es fácil con los ojos cerrados", la compagináramos con la cita anterior de Elgar, podríamos hacer esta reflexión: "Cuando leemos ese libro que nos lleva a la distracción de nuestra mente y a la calma de nuestro espíritu; y cuando, después, cerramos los ojos y dejamos que la imaginación escenifique nuestros sueños, entonces... lo mejor para encontrar un momento de placidez y de serena reconciliación... es elegir la música que más fácilmente entiende nuestro corazón, esa que inunda nuestro silencio y llena intensamente nuestro universo privado".
  
Ángel González "Rusty Andecor"

lunes, 12 de enero de 2015

"Coney Island", de "Across the Sea of Time" / "Paradise Theme", de "Angel"

"La música siempre debe de llevar un mensaje, aunque
no veamos la escena que describimos con su
interpretación. Es la inspiración que nos llega
de la invisible escena que imaginamos, la que
nos devuelve la inmensidad de su contenido"
"Si un compositor pudiera decir lo que quiere decir con palabras, no se molestaría en tratar de decirlo con música"
(Mahler)
  
"Yo no tengo palabras para decir lo que desearía, pero tampoco puedo componer la música que lo describa. Sin embargo, tengo la música que me prestan los grandes maestros del cine que escriben sus bandas sonoras".
(Rusty Andecor)
  
Y recordando aquellos versos "La noche... Tus ojos... Un poco de Schumann... Y mis manos llenas de tu corazón", de Leopoldo Lugones, pensé en su maravillosa dimensión y reflexioné así: 
  
"Cuando se ama la música, con el tiempo, llega a entenderse. Y cuando se entiende, se puede leer el mensaje que el compositor quiso escribir en ella".

Es mi secreto, mi sueño oculto, pues esa niña vestida en
blanco es mi esperanza y es mi ilusión, la llevo siempre
en lo más hondo, la llevo siempre en el corazón.

Y luego, recordando también aquella frase de Allan Poe, que decía: "Y en la profunda oscuridad permanecí largo tiempo, atónito, temeroso... soñando sueños que ningún mortal se haya atrevido a soñar jamás", me atrevo a confesaros que, como John Lennon, aquel soñador que imaginaba un mundo maravilloso, "a veces sueño con la esperanza, con la ilusión; yo la llamo "la niña del vestido blanco", pero es la fe que tengo puesta en mi decencia y en el corazón; la visto como una dama, con su vestido, azul o blanco, porque es la música de mis colores, de mi poesía y también, de mi canción".
  
Aquel breve cuento, dibujado con algunos trazos de colores y de música, y de imágenes y guiños, cuyo guión quedaba oculto en el subtexto del libreto del "Volumen 12", y que yo titulaba "El viejo mago y la niña del vestido blanco". Es..., en muchas ocasiones, el cuento de nuestra vida; un "viejo ilusionista", o quizá solo un diplomado en haber vivido años de su vida, jubiloso en su última etapa, la de la desesperada esperanza, busca en su magia, desde la chistera de su corazón, la ilusión de sus trucos para atrapar algunas de las
Cuando en "el cuento de nuestra vida" sufrimos el desencanto
y la desesperación, aún tenemos en nuestras manos, en esa
bola de cristal, nuestra sirena de la ilusión, la que nos
devolverá el ánimo y la esperanza para que consigamos
ya poder vivir el cuento "con final feliz".
escenas de sus sueños, y convertirlas en realidad. Y entonces encuentra a esa niña de su cuento, e intenta convertir, únicamente, su vestido blanco en otro vaporoso de color azul. El viejo mago lo hace sólo porque quiere admirar a la niña, sorprenderla y fascinarla, y no quiere defraudarla, porque es su esperanza la que está persiguiendo.

Y sobre fascinación, no solo la que se busca en la ilusión personificada en el personaje de nuestros sueños, sino en el significado del mensaje de la música que elegimos, es sobre lo que trataré en esta parte del volumen 12 mi referencia musical.

Una eterna dama, bella y delicada, como el hada de un cuento, reposa
esperando, tal vez, un milagro. "Él"... la encontró dormida en su lecho
en medio de aquel cuento. Había una luz que iluminaba su rostro y su
vestido, de tonos entre blanco y rosa. La dama sólo se despertó
cuando aquel "mago" le dio un beso de amor.
Hay un destello de esa dama que ilumina cada poema musical.
"Coney Island" es un tema de John Barry, que pertenece a la BSO de "Across the Sea of Time", film apenas conocido, y que corresponde a ese "Voumen 12" de "La música más hermosa del mundo". Esta fue su descripción en el libreto de mi álbum: Al igual que el niño que viaja por los mares en busca de los vestigios que aparecían en unas viejas fotografías que contemplaba en su visor de antigüedades, el frustrado "encantador" de su eterna dama, viaja también a través de su fantasía en busca del rastro que ve en cada poema musical que ha escogido, porque sabe cuánto le fascina el significado de su melodía. Y en el viaje que emprende, en su dimensión onírica, se encuentra enseguida a ese destello que ilumina el comienzo de su camino. Es una luz azul, del mismo color de una rosa que identificaba su recuerdo, y es un resplandor que aparece en la mayor parte de los temas musicales. Es el recuerdo de una emoción, del destello de un corazón que vivió en aquel viejo cuento y cuya imagen se vislumbra en este hermoso tema de Barry que parece evocar aquel lejano de “La calle del adiós” del primer volumen de esta Colección de música.
  
“Paradise Theme, de Philippe Rombi y perteneciente a la BSO de “Angel” es
La imagen, escena del film, define la esencia y el sentimiento
del mago "encantador" y de la dama "encantada".
un tema que gira en torno al ascenso y a la caída de una excéntrica escritora enamorada del amor y sin capacidad para vivirlo, alguien a quien se puede adorar o despreciar, con una imagen hermosa o tocada por la locura. La grandilocuencia sinfónica del tema de amor del film sirve aquí también, en esta particular “película” de mi imaginación, para definir a un estrafalario viejo “aprendiz de poeta” que ascendió, junto a la casualidad de la creación de un personaje de cuento, escrito por él mismo, pero antes de liberarse éste de su relato, y que cayó y se perdió en su fracaso de “encantador” de su luminoso y fascinante destello. El tema describe musicalmente, en clave romántica, 
la esencia y el sentimiento de este malogrado “encantador”, como lo hace el tema anterior para dibujar a la eterna dama "encantada" y su fulgurante destello. El fragmento que
A veces, no hace falta leer la partitura, porque la
música, su sentimiento, está en el corazón; solo
hace falta cerrar los ojos y leerla desde allí.
La interpretación de esa música es la que
mejor nos hace comprender el mensaje
que deseamos transmitir.
transcurre desde el minuto 1,13 es el que mejor expresa la turbadora historia, latente, pero sugerente, a lo largo del álbum literario-musical. El compositor Philippe Rombi impregnó en esta “pequeña sinfonía”, como lo hiciera en el resto de los temas del film “Angel”, también esa esencia nostálgica que envuelve los mejores recuerdos de un pasado feliz descrito en algunos pasajes musicales de la obra. Hay otra versión del 
"Paradise Theme", de la BSO del film, interpretado a solo piano, que quizá define más claramente ese color nostálgico que me refería.
  
Finalmente, me gustaría haber podido aclarar que, ni el breve e incompleto cuento que he pretendido relatar, ni el deslavazado relato, escrito entre flash-backs en el transcurso del libreto de la obra y encubierto bajo las distintas tramas de los filmes, se comprende si no se interpreta o descifra la música que narra la temática de la totalidad del álbum. Pues es tan grande el poder del mensaje de la música que... ya lo dijo Chopin: "No hay nada más odioso que la música sin significado oculto".
  
Ángel Gonález "Rusty Andecor"

martes, 23 de diciembre de 2014

"Blue Dress", de "The Illusionist" / "Lullaby", de "La chica de París"

La ilusión del viejo mago es la que convierte a "la niña del vestido
blanco" en la bella dama que deja que se escape a su lejano
universo para vivir en su maravilloso castillo y protegida con
la luz de su propio destello.
"La vida es el más maravilloso cuento de hadas"
(Hans Christian Andersen)
   
"Sin soy honesta, debo decir que todavía leo cuentos de hadas y son los que más me gustan"
(Audrey Hepburn)
   
Dicen que "las princesas solo existen en los cuentos",
que sólo "la imaginación de quienes escriben puede crear los cuentos",
Y hay quien dice que "sólo los magos, con sus "trucos de magia", pueden hacer aparecer las princesas de cuentos".
Además, creo que "con el capricho de los colores con que se pueden envolver los recuerdos, se puede escribir el más hermoso de los cuentos".

(Rusty Andecor).
  
Bueno, y a cualquiera que leyera mi introducción, le diría aquello de John Lennon: "Dirás que soy soñador, pero no soy el único".

Pienso que todo vale para aportar la imaginación al crear un cuento.
Me he dado cuento que hay escenas en el cine, junto con el
mensaje de su música, capaces de inspirarme y recrear mi propia
representación. Siempre hay una dama vestida de "colores de
ensueños" y un mago que trata de fascinarla en el "baile de la
ilusión" para mantener la clave del cuento.
Lo cierto es que, para empezar, yo pienso que la imaginación es la dueña del argumento del cuento, como de la mayor parte de los relatos. Como pienso que "la fantasía es como un duende que dibuja a su capricho los trazos más asombrosos del cuento". A veces, quiere retratar, si no la propia vivencia, al menos el deseo de poder realizarla.
   
Y lo cierto es, también, que en mi colección "La música más hermosa del mundo" no hubo solo una recopilación de lo mejor de los fragmentos de la música del "séptimo arte", sino algo más. Pues se trataba de describir el mensaje, no solo del autor para enriquecer la trama de la película, sino para dar contenido a mi propio argumento, al guión que yo quería poner en cada álbum, al sentimiento y al color que yo deseaba darle a cada volumen. Siempre había un breve cuento en ese álbum y en cada tema. Y ahora que es Navidad, he querido "dibujar" sobre "los colores de mi destello", el que ilumina mi imaginación. Es un dibujo, porque mi intención ha sido difuminar trazos de fantasía, tal vez según me dictaban mis emociones y mi
La complicidad de los personajes de una escena va más allá de
lo convencional, la amistad o lo amoroso. A veces es la entrega
mutua de la ilusión, como a través de un truco de magia. A
veces, es la clave de la inspiración cuando me seduce ese
cuento que he de escribir.
estado de ánimo. Y en un lienzo con el fondo de esos "colores" porque eran los personajes de mi ensoñación los que los definían y sobre los que podía apoyar mi historia.
   
Y así llegué a mi último cuento. "El viejo mago y la niña del vestido blanco"; un relato semioculto entre los símbolos de las imágenes y las entrelíneas del texto, que es solo un tándem simbólico de complicidad humana entre los sentimientos nobles y sinceros de dos personajes ficticios, el mago que ofrece todos los recursos de su presumible encantamiento, su habilidad para intentar fascinar a quien todavía admira sus viejos trucos; y la niña, que con su ingenuidad contempla asombrada el espectáculo de ilusión.
   
Un relato que solo identifica a los dos personajes en los primeros y últimos temas del álbum, ya que casi la totalidad del resto de esos temas representan el vestigio del alma de ese mago en otro tiempo, o quizá en otro universo, y en los que se trataba de describir la impresión de unas "viejas fotografías" que un "viajero" del tiempo (posiblemente el que se convierte después en mago) contempla en su "visor de antigüedades", y que envuelve con una música que él misma ha elegido para cada momento. Son temas que escucharemos en otra entrega.

   
Es la dama de los sueños del cuento que, tras el encantamiento
que el mago hizo en ella, al transformarla de niña con su
vestido blanco, se convirtió en la dama del vestido azul.
Hay que recordar que la complicidad de los personajes no se define de una forma clara; no es una relación amorosa, ni exclusivamente de amistad, aunque tal vez es una "complicidad" que mezcla parte de esas dos relaciones, en un momento u otro. Y es posible que ese vínculo tenga algo más generoso que lo que parece aparentar, pues se trata de la entrega mutua de la ilusión de cada uno. Y esa es también la clave del cuento: un mago transforma a una niña vestida de blanco en una dama vestida de azul, que luego se desvanece, porque quizá el destino del mago era enviarla a ese lejano universo al que realmente pertenecía la dama.
   
Y como decía al principio, o al menos quise sugerir, es tan fascinante la fantasía cuando se escribe un cuento, que no hay mejor excitación ni mayor curiosidad en el lector, cuando éste conoce al autor, que conseguir la apariencia de la identidad de los personajes del cuento con los que pertenecen a la vida real y en la que forman parte del universo cercano. Por eso, a veces, he intentado poner "en primera persona" la señal y el color de mi identidad y algunas de las vivencia que puedan, también identificarme.
   
Por otra parte, no olvidemos que éste y los álbumes anteriores son una
Un viejo ilusionista intenta no defraudar a la niña del cuento
buscando en sus trucos de magia convertirla en una princesa.
amalgama pictórica de retazos de recuerdos o ensoñaciones, de pinceladas emotivas del alma del personaje que aparece en escena, y de matices de turbación, perplejidad o asombro, de goces, entusiasmo o desesperación. Pero, sobre todo, en este último "volumen", se produce una combinación extraña, caprichosa, exquisita, aunque "empalagosa", de ilusiones y desilusiones, fascinaciones y desencantos. Y todos sus temas envueltos con un sutil y breve cuento, el que "se cuenta" en los primeros y últimos temas: "El cuento del viejo mago y la niña vestida de blanco". Dos personajes que, de alguna forma, se ven influidos por la temática de todo el conjunto literario musical.
  
Así pues, la última parte del álbum, el "Volumen 12", comienza con el tema "Blue Dress", de Sylvain Chomet, de la BSO de "The Illusionist". La historia del viejo mago que trata de no defraudar a la niña del cuento, convencida de que sus trucos de magia son reales, sirve aquí para representar la ilusión de unos personajes que se mueven de forma parecida. Un viejo "aprendiz de poeta" ha perdido su magia para componer sus versos, su única habilidad para fascinar a su imaginaria dama de los sueños y mantenerla "encantada" en la representación de su cuento. Aún tiene un último "truco de magia", el que esconde dentro de su chistera: el mensaje de la música que le entrega y que se halla en la fantasía de su espectáculo y al que él llama "La música más hermosa del mundo". De momento, el viejo "encantador de su música" parece que algo va a conseguir de su dama: con su magia, convertir el vestido blanco de ella en un vestido azul ("Blue Dress").
"Señoras y señores...". Es el momento esperado en que la niña
del vestido blanco se convierta en la dama de nuestros sueños.

Y el espectáculo comienza. Es el segundo tema, "Enter Leclou", de Henry Mancini, de la BSO de "Víctor o Victoria". El "escenario" cobra vida y el ilusionista aparece en él:  "¡Damas y caballeros... es el momento de buscar en su imaginación el personaje de sus sueños! ¡Con ustedes... la niña del vestido blanco! Ahora, solo tienen que cerrar los ojos y concentrarse en el recuerdo de esa imagen que no pueden olvidar. Cuando los abran podrán ver su deseo hecho realidad, porque la escena se habrá transformado y comprobarán que su magia tiene todo el poder sobre sus sueños". El tema, en el film de Blake Edwards, abre un pintoresco y divertido musical, en el que el personaje, una mujer llamada Victoria, juega con el papel de un hombre (Victor). Por eso, he querido transmitir la ilusión de esta música para convertir también esa imagen que, espontáneamente... puede aparece en nuestra mente, pero en esa otra imagen, tal vez más lejana, casi desvanecida, y que buscamos en nuestra maravillosa fantasía. Las notas y el ritmo de una marcha que anuncia el comienzo del espectáculo, nos hace sentir espectadores del desfile de una "íntima película" que queremos contemplar y vivir, al menos, en nuestra imaginación.

El tema "Valzer del commiato"de Nino Rota, de la BSO "El gatopardo", es
El final de la escena; ella, en su nuevo
universo multicolor sobre fondo azul y
envuelta en su luna blanca

el que ameniza la escena de la transformación mágica de "la niña del vestido blanco". El título y el significado del tema musical en la película de Visconti es el "Vals de la despedida". Pues también, no sólo he querido visualizar ese maravilloso cuadro escénico en el que se produce la magia entre el mago y la niña, sino celebrar de forma grata y esperanzadora el final de esta representación imaginaria. Nada mejor que este guiño risueño de un vals tranquilo y envuelto en la ilusión de saber que los personajes que aparecían en nuestras "viejas fotografías", y que los más ensoñadores pudimos contemplar en nuestro visor mágico de antigüedades, se liberaron de su hechizo y pudieron hacer realidad sus sueños. Ella, en su nuevo universo multicolor sobre fondo azul, muy lejos de la soledad que tanto detestaba; él, en su dimensión mágica en donde conseguir el triunfo de su oficio de ilusionista y poder animar las escenas fotografiadas en su álbum de recuerdos.

El viejo mago esperaba paciente "el milagro" de su magia. Repetía
sus trucos, porque quería seguir asombrando a "la niña del vestido
blanco". Pero solo pudo sacar de su chistera su precioso vestido
azul; y, con él, la perdió cuando comprobó que la luz del destello
de su dama no regresó, nunca más. Esperó, entonces, a realizar
el último de sus trucos: desaparecer de aquel escenario para
viajar hasta el universo en donde pensaba se hallaría...
su amado "destello".

”Lullaby”, de Philippe Rombi, de la BSO de “La chica de Paris” es el último tema del volumen y del álbum. La orquesta Pink Martini cierra esta parte y de la totalidad de la obra con un tema de “La chica de París”. Se trata de una nana, porque… quizá esto no era más que un cuento; el cuento que el tío “cuentacuentos” le cuenta a la niña, su sobrina, para que se duerma, precisamente en la noche de Navidad. El cuento de un viejo y extraño mago, que en otros tiempos fue “aprendiz de poeta” e “imaginador de cuentos” que nunca llegó a escribir. Un viejo “aprendiz de mago” que después de repetir todos sus trucos para conseguir… quizá solo, algo tan sencillo como los colores de una rosa, o los del vestido de una niña que admiraba “su magia”, o la aparición de una luz en su escenario, presentándola como “un destello azul”, no fue capaz de realizarlos. Un “iluso mago” que, después de conseguir
Quizá, aquella niña del vestido blanco, antes de desvanecerse
hasta su lejano universo, tras su destello, esperó suspendida,
el milagro de dejar sus azueles y regresar a la dimensión del
mago si él no hubiera permitido que su magia se le escapara
de sus manos, dejando que se alejara en sus confines.
de “la niña del vestido blanco” toda su admiración por la ilusión de sus trucos (en el primer tema), la perdió cuando, en el último de ellos con éxito, convirtió el color de su vestido en azul. Un “ensoñador de ilusiones” con afición de viejo mago que buscó alcanzar, de su último truco, poder rescatar a “la dama del vestido azul” de su destello para convertirla de nuevo en la niña del vestido blanco, sin conseguirlo. Un cansado y ya decepcionado mago que, al final, solo intenta hacer un truco: buscar la magia de su chistera y desaparecer a través de ella, porque tenía la esperanza de escapar de su mundo para encontrar, en un lejano universo, la luz azul de su destello y fundirse después con ella. Lo cierto es que el mago se desvaneció de su escenario y solo quedó el cuento que apareció en sus viejas y rancias fotografías, las que solía mirar a 
El cuento ha concluido y ahora es el espíritu del
mago convertido en un duende, quizá navideño,
el que le cuenta su propio cuento a una niña
cubierta de rosas que se duerme poco a poco.
través de su visor de antigüedades, las que le enseñaba a su admiradora “niña del vestido blanco”. Solo quedó la fantasía de un tímido y conmovedor relato que nadie llegó a descubrir, pero que sugirió el deseo del “encantamiento” que intentó el mago en sus últimos trucos. El cuento ha concluido y ese duende, latente y encantadoramente subrepticio en todos los relatos del libreto musical, con su aparente identidad, pero discretamente disfrazado, le cuenta este relato “a su modo”, con palabras sencillas, como si se tratara de un cuento de hadas, a la niña que también vestía de blanco. Y lo hace en voz baja, siempre con una entrañable sonrisa, intentando que se durmiera y tuviera esos dulces sueños que todos deseamos para los niños, y con más razón hoy, en la noche de Navidad. Quizá es el “tito cuentacuentos” que, acariciando el pelo sedoso de la niña, mientras describe los asombrosos trucos del mago y le canta después una nana, trata no solo de hacer que ella se duerma, sino de convencerse de que él también tiene las mismas ilusiones que la niña. O, quizá, es el espíritu del viejo mago convertido ya en ese duende, por un milagro de su propia magia, que está buscando la ilusión en los sueños que le sugieren las palabras de su propio cuento. La niña se ha dormido; la dama encantada, allá en su lejano universo, parece que también. El viejo mago, que volvió convertido en duende, solo para contar el cuento a la niña, se desvaneció cuando ésta se durmió. Y el cuento ha terminado.

"Rusty Andecor"