lunes, 16 de mayo de 2016

"Cinema Paradiso" (remake) / Música de Evanthia Reboutsika / Accordéon de M. Perrone, T. Murerne, L. Corchia, J. Corti, D. Boulé, J. Holland y Yann Tiersen / Music Box (G. Delerue) / Piano: Richard Clayderman y Brian Crain / Cello: YuJeong Lee

Siempre hay una "dama vestido de blanco" , quizá es la eterna escena
que alimenta nuestros sueños, y que aparece en los azules del
mensaje de la música. Su melodía es la que nos recrea la película
cuya trama, tal vez, extraemos de lo mejor de nuestros recuerdos.
"Crear una canción es tan sólo dar forma a un sentimiento" (Eric Clapton)

Y tal vez, por esa razón; el genio del blues y unos de los precursores
de la renovación del rock
en las pasada décadas,
creó una de las más emotivas canciones que se han escrito en la historia de la música:
"Tears in Heaven(clic título)

Y en cuanto al color y la forma que pone la música en el sentimiento...
  
"Cuando escuchamos la música, no importa desde donde venga su sonido, nos sentimos identificados con su mensaje. Y de la melodía que nos llega, no importa el color de su sentimiento, es el universo mágico que envuelve nuestros recuerdos, y según nos adentramos en su trama, el que nos hace soñar".
  
(Rusty Andecor)

La música fluye, a veces, desde los confines de la imaginación, y son
los iconos musicales que guardamos en nuestro archivo mental, los
que nos llevan a la evocación de nuestra película de recuerdos.
El filósofo alemán Georg Wilhelm Friedrich Hegel dijo "La música debe elevar el alma por encima de si misma, crear una región donde, libre de toda ansiedad, pueda refugiarse sin obstáculos en el puro sentimiento de si misma". Por tanto, es esa la región, con su forma y sus colores la que nos va a mostrar, en la dimensión de la ensoñación, el escenario de lo mejor de nuestros recuerdos. En definitiva, y utilizando el extraordinario recurso de "la música más hermosa del mundo", conseguiremos recrear una fantástica película en la que podremos contar con un libreto íntimo y original, y cuyo argumento estará envuelta con el conjunto de toda esa música.

En ocasiones, la música que interpreta esa "dama vestida de blanco"
me sugiere la fascinación de ese destello subliminal, representativo
en la imagen de una ilusión que se difumina desde algún personaje
real conocido o, tal vez, el que yo he querido mitificar desde el
universo de mis sueños.
Entre todos los filmes seleccionados en mi obra, pero sobre todo, entre toda la música de sus bandas sonoras, encontré y escogí la de "Cinema Paradiso", porque era el guión y la música que más se asemejaba a la fragancia de mi alma ensoñadora, pero también a la intencionalidad de mi ensayo literario-musical.

Si Cinema Paradiso es una historia en la que el flash-back rememora episodios pasados de los personajes del film, la composición de las escenas del vídeo, editado con la música de fondo de su banda sonora, es una retrospectiva de las escenas más emotivas de algunas de aquellas películas que formaron parte del álbum musical, y que incluye un inicio y un final con dos fotogramas del film "Tiempos Modernos", con Charlie Chaplin y Paulette Goddard, en el comienzo y fin del vídeo, respectivamente. Una composición en un vídeo que yo titulé: "La música más hermosa del mundo. Cinema Paradiso" en una versión del tema del compositor y pianista William Joseph, (clic en el título) y que se incluye en el "Volumen musical nº 15", aún sin editar.

El artista del violín se recrea, a veces en sus sueños, porque
debe encontrar su inspiración interpretativa entre la
partitura de la música y su escenario imaginativo.
Si Cinema Paradiso es un idilio entre el protagonista del film y el Cine, la escenificación de fotogramas seleccionados en el vídeo, en conjunción con la música del “Love Theme” (clic título), en la versión intimista de William Joseph que nos recrea el piano y la cuerda, es un romance entre el alma ensoñadora y apasionada de ese otro protagonista anónimo que se deja entrever bajo la sugerencia de la música y el mensaje de su libreto.

Y como dije ya en mi crónica anterior, cuando describí esta soberbia obra maestra del cine: Cinema Paradiso, tal y como yo la veo a través de mi romántica imaginación, es un canto idílico al paso del tiempo y a los recuerdos. Dije entonces que "La vida es una película llena de sueños". Y Cinema Paradiso fue la mejor representación que pude encontrar para sugerir toda una sinfonía onírica, la que siempre pretendí dibujar musicalmente en esta parte del álbum y en toda la obra de mi colección.

El "Café de París" no está en ningún lugar
secreto ni en la exclusividad de la fantasía.
Está en un lugar.. cualquiera, pero sí en
donde has de encontrar la inspiración para
guardar los aromas de las sonrisas que hay
en tus recuerdos y de los instantes que
jamás podrás olvidar.
Lo cierto es que fue esa melodía la que dio forma a un sentimiento. Lo cierto es que fue "Cinema Paradiso", en ese vídeo que edité con escenas de filmes que reuní en los siete primeros volúmenes, la música que mejor identificó el mensaje que me transmitieron los recuerdos de aquellos siete últimos años de mi etapa pre-dorada y pre-jubilosa. Precisamente, el volumen 7 que titulé "El adiós", fue el que edité, libreto y música, en diciembre de 2010. Entonces, cada volumen llevaba en cabecera la elección de una película y una banda sonora que daba carácter y significación a ese álbum. Y este último volumen de aquella primera parte de la obra tenía como referente el film "Cinema Paradiso".

Recuerdo que cuando comencé mi aventura, en este nuevo viaje que transcurre en esa "etapa dorada" a que tanto me refiero ahora, tuve ocasión de descubrir aquel lugar secreto y mágico, precisamente en la dimensión que yo entonces ya conocía muy bien: el de los confines de mi imaginación. Y cuando puse argumento a mi "volumen 8", el primero de la segunda parte de mi obra literario-musical, lo reconocí con un nombre... quizá demasiado sugerente: "El Café de París". Por esta razón, en aquella introducción que escribí en ese capítulo, lo definí como "el lugar en donde se guardan los aromas de las sonrisas y los instantes de los recuerdos que jamás olvidaremos".


Hay momentos en que "la puerta de los sueños"
está delante de nosotros, enmarcada y en
colores sonrosado pálido o sepia, mientras
contemplamos la escena que aparece en
nuestra imaginación, y que sin duda nos
ha de sugerir el mensaje de la música
que escuchamos.
Aquel volumen 8 llegó a ser... algo así como un "cinema paradiso musical" en el que quise rememorar muchos de los viejos y buenos recuerdos escenificados en la música que, como recuperados mediante un flash-back de temas del cine, pude seleccionar en este tomo de "la música más hermosa del mundo", que reuniría partituras con un carácter muy heterogéneo entre ellas.

Y añadí en aquella introducción que "no deberíamos resistirnos a entrar en ese "café de parís", teniendo tan cerca la puerta de los sueños, la entrada que nos permitiría llegar a esa maravillosa música y a su magia, la que nos permitiría contemplar las escenas y personajes que van a sugerirnos la intensidad de su mensaje musical".

Entre los temas de esos volúmenes 8 y 9, los que componían ese "Café de París", y que van a envolverlo con su sonido, su color y el aroma, tengo que destacar en la selección a Evanthia Reboutsika, la compositora turca que puso su banda sonora a filmes tales como el conocido "Un toque de canela". Temas que describen escenas fantásticas y ensoñadoras: "To askeri kai efhi - Thalassa pao iliotropio" o "To askeri kai efhi - Ta gelia tou kosmou". (clic en Evanthia y en los títulos).


Evanthia Reboutsika, acompañado de algunos de los músicos de
su banda, buscan siempre la inspiración en el exotismo de las
escenas que pueblan su imaginación. La originalidad de sus
composiciones la reconocen como una de los genios de la
música del cine y de la música mullti-instrumental. 
En la descripción de la música de estos temas que se incluían en el volumen 8 se hacía referencia a algunas conmovedoras escenas que protagonizaba el diálogo que alternaban la guitarra, la mandolina, el acordeón y la cuerda, como si de una confidencia íntima se tratara entre los personajes a los que se representaban. Hay un pasaje en el primero de los temas en el que unas nostálgicas notas describe "una sonrisa que quisiera acariciar y gratificar el corazón entristecido de quien sufre una decepción". Y hay otro pasaje en el segundo de los temas en el que, "a través de la interpretación animosa del acordeón, podemos ver al personaje descrito cómo se va alejando, triste pero resignado, en un crecendo jubiloso, que recuerda que de nuevo surge la esperanza".

La caja de música de ese "Café de París" representa
de forma alegórica, a veces, el disparate de nuestra
imaginación; la música de ese acordeón no deja de
hacernos ver el reverso de nuestros pensamientos.
(Es una pintura Aaron Jasinski)
Definía al Café de París como "una caja de música" en la que se guarda la nostalgia de aquella música parisina que solía recoger en algunos de los álbumes que ya había editado en la primera parte de mi obra. Decía entonces, cuando comencé a escribir el libreto de mi "café de París", que "su caja de música, tan pletórica de recuerdos y de sueños, a veces es necesario destapar y abrirla, para escuchar la armonía deliciosa de sus melodías, los acordes de un nostálgico acordeón, la dulzura de un violín o del cello, la intensidad de las notas de un piano o el mágico carillón que hacía sonar la musiquilla de aquel joyero de música". Precisamente, este tema de Georges Delerue titulado "La Victorine" (clic título), perteneciente al film "La nuit americaine" de Francois Truffaut, que se incluía en el volumen 8, fue renombrado en ese álbum y en su libreto como "Café de París". En éste, se describe a un personaje ilusionado con encontrar a "su dama" en el café de sus sueños. Ella aparece, o él cree verla ¿o ve su reverso? y le pide bailar un vals, el vals de "la Victorine".


Como tampoco nunca sabemos si bailamos en la ensoñación de esa
escena nocturna que nos transmite la música o es la ilusión solo
de esa dama de rojo que nos parece tener en nuestros brazos.
(Es una pintura de Christian Vernet)
Según describe mi libreto para este tema y en aquel álbum, "en realidad, no era su dama la que bailaba con él, sino que su pareja... eran sus sueños. Él nunca sabría que solo bailaba con su propia ilusión, o quizá sí; aunque si así fue, habría preferido seguir soñando, con la luz de sus ojos y la fragancia de su corazón, todo lo que tal vez intentó guardar en la caja de música de aquel café.

Temas absolutamente clásicos, que salen también de esa caja de música, del "nostálgico acordeón", algunos ya publicados en posts anteriores, como "L´amant de St. Jean" de Marc Perrone,"La Roulotte", de Louis Corchia, "Place Montmartre" de Jean Corti. Algunos emblemáticos, por el mensaje que nos ha transmitido el cine, como "La Noyée" de Amelie, original de Yann Tiersen, pero en una versión anónima que me ha parecido excepcional. Todos ellos incluidos en el "volumen 9". (Clic en sus respectivos títulos)

El acordeonista siempre nos ha de transmitir el color de las
notas y el destello del mensaje de su melodía.
En cuanto a la descripción del mensaje de la música, del primer tema, la versión de "Mon amant de St. Jean" que interpreta el acordeonista Marc Perrone, dice el libreto: "se dibuja la complacencia amorosa de la pareja del relato que, ajenos al ambiente que les rodea, solo se dejan llevar por la danza de la melodía del acordeón". Y añade: "Las notas del vals les identifican con las luces pálidas de la madrugada como "les amoreux dans les rues de París".


Los dos personajes que describe el libreto, pasean por las calles
de la ciudad, departiendo saludos y buscando, tal vez, el ritmo
y regocijo de la musette que interpreta el accordéon.

(Es un óleo de Nelson Molina)
El segundo tema, "La roulotte", lo describe así el libreto del álbum, "es un vals que describe la escena de una mañana radiante de luz y de colores en las calles y en el cielo de París, aún con el suelo mojado de la lluvia de la noche anterior. El alborozo de las gentes que transitan por places, rues et boulevares, la que acuda a los parques, la que entra y sale de establecimientos y bares. Es la música animosa que describe con su ritmo y regocijo, la musette de Corchia con su accordion. "Les amoureux" de ese alegre París, aquellos que vivieron felices durante la noche en la bohemia de sus lugares, se adentran ahora entre esa maravillosa concurrencia para disfrutar de la mañana".

París-Montmartre. Escena matinal. (Cuadro de Ernest Descals)
En "Place Montmartre", según describe el libreto, "les deux amants se acercan ahora a la Place Montmartre y se entregan atentos y divertidos, paseando por su plaza y calles colindantes; se sumergen en el entrañable ambiente que les rodea; luego se paran contemplando a sus pintores, sus lienzos, sus dibujos y retratos, y se recrean en las tiendas de arte y en los puestos de souvenirs, comprando algunas de sus muestra para el recuerdo".

Finalmente, "La noyée", en la interpretación de un acordeonista anónima, "es un estallido luminoso de sonrisas matinales, con que celebran su acercamiento los dos personajes enamorado, en un afortunado encuentro".

"Anette" es el eterno "Encuentro en el Sena" del álbum, pero también
es un encuentro amoroso cualquiera, en una tarde de lluvia, en una
de esas calles parisinas, iluminadas con la pálida luz de sus farolas. 
Y no podía faltar el más simbólico de todos esos temas que evocan los colores, la luz y el sonido del mágico y ensoñado París. Es el tema que ya se publicó en un post anterior: "Anette(clic). Aunque yo lo subtitulé para mi obra como "Encuentro en el Sena". La versión interpretada por el acordeonista Milan Koran, aunque orquestado por Valentin Movtosky en la versión de Jan Holland, "Anette" es el "tema de amor" del álbum, el que pone toda la sugerencia de ese sentimiento musical que caracteriza al autor a lo largo de la obra.

Stephanie V., interpretando "Moan amant de St. Jean"
Entre esas piezas que se escapan de la caja de música, hay una versión muy especial de "Mon Amant de Saint Jean"(Clic). Es la que interpreta la voz dulce de Stephanie Valentin y que acompaña con su violín. Stephanie es una artista de origen francés, virtuosa del violín eléctrico y pintora de óleo. La tonalidad y el fondo rojo de la escena, y que vemos en la grabación y en esta misma imagen, forma parte de esa mágica ensoñación con el que he querido definir este "Café de París". El tema y su intérprete también aparecían ya en el post en que se hacía referencia a otra versión de "Anette" y a una selección del "volumen 9".


Es la dama del vestido de blanco, de niña, cuando aún escuchaba
ilusionada su melodía y contemplaba la luz que salía de su
interior, mientras pensaba: "Érase una vez..."
Y de esa melodía de carillón que nos recuerda a la cajita de música, recordemos una vez más esta versión de "Once upon a time" de Georges Delerue, perteneciente a la BSO "Joe Versus the Volcano" (clic en el título: el tema sólo son los 19 primeros segundos). Porque... lo cierto es que... "Érase una vez..." (es el título del tema) "...hace muuuuchos años! ...de una caja de música que tenía magia cuando se abría: se escuchaba aquella melodía, mientras aparecía un destello de su interior y se sentía un perfume. Pero un día, la adversidad del destino la quiso destruir, y desde entonces, la luz se apagó, el perfume desapareció y aquella melodía dejó de sonar". Lo cierto es que no tengo ya aquella música, pero la sustituí por esta otra, pues fue la que más se parecía.

Igor Stravinski dijo: "La música de la película debería tener la misma
relación con la película dramática que la que tiene el que toca el
piano en un salón con el libro que estoy leyendo". Supongo que a
veces es el entorno que envuelve el piano y la música interpretada,
lo que influye en el significado que comunica esa música.
Una vez más, aunque a veces no lo parezca, y como tantas veces dije en esta crónica musical, en mis reflexiones y en otros de "mis guiños" literarios, "el mundo es maravilloso", como canta Louis Armstrong en esa eterna canción. El tema lo escuchamos ya en este blog, dentro del quinto capítulo, correspondiente al mismo volumen, y ahora lo extraemos del tomo 6, de aquel álbum que entonces llamé "La despedida". Se trata de una impecable versión a piano que interpreta Richard Clayderman de este mítico "What a Wonderful World" (clic en el título), pues se pretende describir la majestuosidad de las notas del piano que contiene también el sonido de la caja de música del "Café de París". Aunque... para caja de música, encontré una "música de caja de carillón" con esta hermosa melodía y que podría ser una continuación del tema anterior, el titulado "Érase una vez...". Se trata de "What a Wonderful World. Music Box"


Al igual que la lluvia limpia los residuos de la contaminación y lava
la suciedad de las calles, la música también pone su color y su brillo
para embellecer el mundo que deseamos imaginar, ese que nos
proyecta el escenario de nuestra ensoñación.

(Es un óleo de autor, para mi desconocido)
Y una vez más, como decía en aquel libreto, refiriéndome a esa hermosa música, a pesar de las adversidades que conocemos en la vida, de la indecencia y la mentira del mundo, de la hipocresía y la farsa de nuestros más allegados, "nos encontramos con gente sincera, honesta y maravillosa, y volvemos a reunirnos con quienes nos dieron la espalda y nos mostraron su falso rostro, ahora cambiados y deseosos de volver a ser nuestros amigos. Luego, volvemos a casa y cuando estamos en ella, nos damos cuenta de que el mundo es maravilloso". Pues viene aquí, a propósito, esa frase que cito en mi ensayo sobre "Mi etapa dorada y jubilosa", publicado en el blog "Rusty Andecor" y que tanto he repetido: "El color del mundo no es exactamente como lo vemos, pues a veces lo enmascara nuestra propia tolerancia y nuestra bondad innata; por ello no vemos la capa de mugre que cubre su auténtico tono y su engañoso brillo, el verdadero. Como tampoco vemos ese matiz pútrido que degenera y confunde el que queremos ver, el que nos enseña o nos proyecta, como una ilusión, la verdad inexistente". Y es que también la música, como nuestra tolerancia y esa bondad que en el fondo nos identifica, envuelve con su poesía y sus bellos acordes los falsos colores del mundo y su brillo engañoso.

Me la envió mi amiga Ana Vanesa (de Facebook).
Supongo que ella pensó que la mujer de la pintura
se parecía bastante a Sophie, al menos en aquella
época en que salía ir a aquel café a "endulzar
la amargura de sus sinsabores y  desencantos".
(Pintura de una autor anónimo ¿o la pintó Ana?)
Finalmente, no quería dejar atrás uno de los últimos temas del "volumen 10", y como continuación de esa historia casi encubierta, relatada en el capítulo anterior, desde la sugerencia de la imagen de esa "dama soñada" de la noche que aparece al final de ese post. Se trata de "Parlez-moi d´amour" (hacer clic en título), de la compositora e instrumentista Dana Boulé, perteneciente a la BSO de "Midnight in París". Y tampoco quería dejar de recordar aquella descripción conmovedora que recogía, como autor del libreto, ¿en la irrealidad de una escena? ¿entre unos personajes quizá difuminados por la confusión de la historia? No sé..., pero lo que sí estoy seguro es que en mi "visor de antigüedades" me es posible recuperar alguna vez aquella vieja escena. Y es mi propio personaje el que me habla: "Él me dijo: -"Me recuerda a... "mon amie Sophie", o quizá... ¿a ella?". Y añadió: "Allí... en aquel café..., a donde solía ir a endulzar sus amargos desencantos con un café, o quizá... ¿a donde "ella" iba a buscar aquella vieja ilusión para encontrarse con su destino?".


Como tampoco volvió a llevar a la soledad de la mesa de su café de
invierno la poesía de sus desilusiones. Sola quedó su mesa durante
mucho tiempo, me dijo Bernard. (Óleo de Jonelle Summerfield)
Supongo que "Sophie no volvió a llevar sus sinsabores y desengaños a la soledad de su mesa, en su café, aquellas desilusiones que luego convertiría en poesía, porque -así pensé yo- encontraría la luz de sus sueños en otra parte". Sin embargo, aunque esto fue lo que supuse cuando escribí el libreto para ese décimo capítulo, el que acompañaba a su álbum musical, después, hace ya tiempo, supe que Sophie no pudo encontrar esa "luz de sus sueños" y que se fue para siempre a otro sueño del que ya nunca volvería a despertar. Sin embargo, lo más sorprendente y triste para mi... fue llegar a saber un día que esa "luz de sus sueños" era... precisamente el que la llamaba "mon amie Sophie".


Es la "Escena a medianoche en una calle de París" (clic), la que
aparece en ese extraño y onírico universo de mi imaginación.
Hay una escena en el universo de mi imaginación, la recuerdo muy bien, parecida a la de la secuencia del film "Midnight in Paris", del que ya comentamos algunos de sus temas musicales en el post referente a la película. Se trata de una escena que yo mismo edité y titule "Escena a medianoche en una calle de París" (clic en el título). Es una secuencia que concluye en un momento mágico y también en un beso. El diálogo discurre así: Ella le dice a él: -Pero ¿qué haces? Él le responde: -No lo sé, la verdad... no sé... pero me he sentido por un momento como si fuera inmortal".


Es la estampa de unos músicos zíngaros que tocan y bailan un vals
llamado "Nostalgia gitana", en un lugar y frente a una mesa vacía
del calor de una dama y que ahora ocupa.. ese "desconocido".
("Les Gitans", de Denis Nolet)
En cuanto a lo que supe de aquel café, cuentan... que cuando cae el atardecer, hay una mesa vacía, extraña, ahora en un lugar medio oscuro, que espera siempre a que un solitario personaje, también extraño, perdido en su rancio romanticismo, quizá como aquel nostálgico y viejo poeta, lleve allí la melancolía de su alma e imagine y escriba ese cuento que tanto le abruma en los ensueños de sus noches. Y en el transcurso de ese triste desconsuelo, el que siente aquel "viejo poeta" -¿tal vez por la ausencia de su dama?-, mientras ocupa ahora aquella mesa, cuentan... que a veces, por la noche, justo allí mismo y ante este "desconocido" personaje, un pequeño grupo de músicos, quizá zíngaros o gitanos, interpretan una danza en forma de vals, a los que acompañan una pareja que bailan la música. El vals se llama "Nostalgia gitana" y aunque no pude conseguir una grabación de un grupo de músicos zíngaros, podemos escuchar (haciendo clic en el título) una versión muy antigua que interpreta al acordeón Tony Murena.

La música surge, a veces desde la inspiración de una
escena que evocamos, y nos llega de nuestra "dama
vestida de blanco", la que representa la imaginación.
(Painting by Nenad Mirkovich)
Comenzábamos este capítulo diciendo... algo así... como... que "la música nos llega, no importa cuándo o de dónde; y cuando estamos inspirados, en un sentimiento o en la ficción de una escena que imaginamos, nos sentimos identificados con su mensaje y nos adentramos en su trama, con la que, algunas veces, ...ensoñamos". Y comenzamos con la música de un tema que nos traía innumerables secuencias del cine, algunas impactantes, porque envueltas en la melodía de "Cinema Paradiso", en un collage de instantes visuales, nos recordaban una parte de la historia de algunas de sus obras más representativas. La interpretación de esa versión de "Cinema Paradiso", de la mano del piano de William Joseph y el elegante montaje de cuerda con que se apoya la música, se corresponde ahora con un hermoso "slow waltz", empapado de sensibilidad y ternura, quizá de una nostalgia conmovedora, que solo puede ofrecernos esa fusión entre el piano y el violoncello, la que vamos a oír a continuación en esa pieza musical.

Ocurre, en ocasiones, que esa imaginación, en
forma de bella dama y vestida de blanco satén,
se intimida y se turba, y no quiere fijar la
mirada en la escena, porque es posible que

la ilusión sobrepase el límite de su universo
de los sueños (Óleo de Nenad Mirkovich)
No he podido evitar, por tanto, coincidir con ese mismo carácter musical con el que iniciaba este post, ni siquiera he podido eludir una interpretación dirigida y marcada por la solemnidad del piano, para terminar un nuevo capítulo de "La música más hermosa del mundo". uno de los que más me ha impresionado mientras lo escribía, quizá porque me haya sumergido muy en el fondo de la música de ambos temas, y quizá también porque me hubiera metido en el papel del personaje encubierto, descrito en el libreto del álbum. Se trata del tema "Spring Waltz", compuesto e interpretado al piano por Brian Crain, y al que acompaña el violoncello de la joven  cellista YuGeong Lee.

El tema no pertenece a ninguna banda sonora de cine, sin embargo, aquí y en la línea de la historia de mi libreto, podría decirse que es la música que pone el mensaje final del relato y lo hace a través de un diálogo tan hermoso como elocuente. El piano y el cello representan los dos eternos personajes de la historia. El piano pone el aliento y la esperanza, puede que en algunos pasajes deje ver un atisbo de ilusión, por algo es "el vals de la primavera"; el cello responde con tristeza, abatido y melancólico, quizá en los pasajes finales, con desesperación. No olvidemos, por cierto, de ese parecido de la voz de la mujer con el sonido del cello, aquella frase de Frank Sinatra que decía "Me impresiona su tono de voz, es como un cello".


"La dama del cello", ahora vestida de azul de
cuento, se debate entre los temores por lo que
presiente y se oculta al amparo de su cabello.
(La pintura es un óleo de Anna Razumovskaya)
Spring Waltz" (clic), de Brian Crain, forma parte de uno de sus álbumes de estudio, titulado "Piano and Cello Duet" (with YuJeong Lee). El tema también está incluido en el "Volumen 15", aún sin editar para el exclusivo disfrute de la "La música más hermosa del mundo", entre quienes la hemos seguido y admirado.

En cuanto a la secuela interpretativa del destino que depara a esos personajes que aparecen semi ocultos en el libreto de la totalidad de la obra, "se dice..." que tal vez eran los mismos que describía el viejo cuento y que ahora aparecen representados por la música del piano, por un lado, y la del cello, por otro. En su dueto, escenifican un intento de reconciliación mutua, cálida y afectiva, dando vida a ese diálogo musical. El piano, mediante las notas que interpreta, y desde su papel, reclama el acercamiento y la recreación de las escenas felices de un pasado ya lejano. El cello, a través de una melodía casi ajena a la del piano, ya al final de la composición, describe cómo se debate angustiosamente ante la dificultad de que llegue ese reencuentro. Y quizá... sean ellos mismos quienes, entre la tristeza de esas notas melódicas que se perciben en su interpretación, desdibujan y difuminan, casi en la lejanía ya más cercana al cielo, una definitiva y resignada despedida, en un clima sereno y dulce de inmensa paz.

¡Señoras y señores...! Quizá, parte de culpa la tuvo aquella
música, la del acordeón. Quizá, fue la ilusión de unos
personajes, los de la ficción. Quizá fue solo una fantasía,
la que siempre bulle, en nuestra imaginación. Pero con esta
trama y su teatro, y con la música que la envuelve; mis

queridos amigos... todos... ¡aquí se acaba la función!
(Ha sido ella, Patricia Kaas, la vedette del music-hall, la
que me prestó esta despedida, que ella sabe de finales
de conciertos y de la magia de cómo baja el telón)

Y nada mejor, hablando de Patricia, que ver de su
concierto, el de "Cabaret", una parte de espectáculo,
el que nos regala aquí la estrella, con su encanto
sugerente, en el tema "MON MEC Á MOI”   (clic aquí)
Por cierto... un piano un acordeón, un cello... y ella

Quizá es ahora el momento de considerar el significado de lo que sugiere lo que "queda en la mitad" de esas dos citas literarias de Stephen King, aquellas en las que decía "la ficción es la verdad dentro de la mentira" y "en lo que concierne al pasado, todo el mundo escribe ficción". Sin olvidar que el escritor inglés Julian Barnes dijo: "La ficción es una forma de contar la verdad. La novela descubre más verdades que los ensayos, documentales de televisión y todo tipo de trabajos basados en hechos".

Y a partir del mensaje que nos revela las frases de estos dos autores literarios, creo que debería de decir una vez más, sobre todo, a propósito de que hay quienes me lo han preguntado: De los personajes escenificados en el libreto de este post, así como de la trama de su relato, digamos que... "cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia" (aunque existiera "una similitud entre alguno de los personajes y acontecimientos de lo que cuento con la realidad incierta o con el escenario de la imaginación que extraigo de lo que parece que sucedió"). Y ahora pregunto, a quien hubiera llegado hasta aquí... ¿alguien lo ha entendido? ... ¡mejor que no!
  
("The Cellist", de Joseph Rodefer de Camp)
Finalmente... (y esto sólo es ya cosa del cello) Frank Sinatra, fue quien dijo, refiriéndose a la mujer: "Me impresiona su tono de voz, es como un cello".
  
Por ello, cuando escuché temas como "Theme from Schindler´s List", de Luka Sulic, o "Prayer", de Sol Gabetta, dije así:
  
"Comienza a hacer sonar tu cello
y sabré que es el suspiro de una mujer.
  
Haz rasgar sus cuerdas y escucharé la dulzura de su voz.
  
Haz gemir su música y sabré que es su llanto entrecortado"
  
(Rusty Andecor)


Ángel González "Rusty Andecor"

viernes, 4 de marzo de 2016

"Affair to Remember" / "Ghost" / "La colina del adiós" / "Schindler´s List" / Y música de John Barry, Yuhki Kuramoto, Max Marino, "Café Musique", "Berliner Salonenseble" y "Jeff Conway String"

Siempre he pensado que no hay nada mejor para esa
última etapa del viaje que llevar la mejor compañía,
quizá esa reconciliación que casi todos deseamos en
nuestro corazón. Es lo que podemos guardar en ese
equipaje, en común con quien nos ha de reconfortar.
Sin olvidar un hueco suficiente para llevar hacia
ese infinito y a su eternidad... ESA BELLA MÚSICA
"Durante nuestra vida,
hacemos un corto o largo viaje,
a un destino... quizá desconocido;
jóvenes y adultos, sin equipaje o con él,
esperanzados, o con las ilusiones perdidas.
Pero cuando pensamos que nuestro viaje ya termina,
echamos de menos todo lo que quedamos atrás:
los recuerdos, las personas que no queremos perder,
el mundo material que tanto nos gratifica.
  
Y también algo, muy especial, que une nuestros recuerdos
y que desearíamos llevar en nuestro equipaje de mano, pero que luego lo guardamos con cuidado en el corazón.
  
ES LA MÚSICA.
Y no hace falta que carguemos con toda ella.
Solo necesitamos llevar la que nos une a esos recuerdos.
  
Es... LA MÚSICA MÁS HERMOSA DEL MUNDO".

Pues de música para evocar el viaje de nuestra vida y de recuerdos, y aún para crear, en esa etapa que nos queda por recorrer, es la que he querido poner en la introducción de esta crónica y su libreto musical, y en la que seguiré después con las referencias musicales que más me sugieren y que mejor me inspiran en este nuevo álbum de sentimientos sonoros.

No olvidemos que durante ese viaje puede que tengamos que hacer
algún transbordo y que no debemos equivocar nuestro convoy, con
el que reanudaremos el viaje, ni olvidar recoger los recuerdos.
Y es un tema con el que inicio un volumen, el número 15, todavía sin editar; aunque todas sus tracks están ya seleccionadas. Su título es "Affair to Remember / Unchained Melody / Love is a Many-Spledored Thigs", en un mix que interpreta el músico y director de cine Ernesto Cortázar, encadenando tres conocidas bandas sonoras que, hasta ahora, no tuve ocasión de incluir en mi obra, como tampoco pude hacer referencia a los filmes a los que pertenece. (Clic en el título y en los que aparecen debajo para reproducir la música)

"Affair to Remember" es el tema con el que el ya desaparecido Ernesto Cortázar abre este mix de música de cine. Comienza con esos "Momentos para recordar", cuya partitura de Harry Warren pertenece al magnífico film "Tú y yo" de 1957, que interpretó Cary Grant y Deborah Kerr. Su sugerencia me lleva a los recuerdos de esos momentos y de esas personas que quisiéramos llevar en nuestro invisible equipaje. "Unchained Melody", el tema de Alex North que sirvió de banda sonora para filmes como "Ghost, más allá del amor", un clásico del cine romance del 1990 que interpretó Demi Moore y Patrick Swayze. Es una música que nos describe los recuerdos que aún hemos de crear y que anticipamos en nuestra ensoñación.

Como tampoco debemos olvidar regresar a nuestro tren, cuando
bajemos de él para retomar esa escena perdida y recuperada, o
que nos faltaba y ahora encontramos, en el lugar más inesperado
de nuestro trayecto, incluso en la cantina de aquella estación.
El tercer tema se titula "Love is a Many-Splendored Thing" y es la banda sonora de la película "La colina del adiós", otro clásico del romance de 1955, dirigido por Henry King e interpretado por Jennifer Jones y William Holden. Quizá, como el mismo título es la música del adiós. Es una pequeña sinfonía de sonidos que hacen mover los sentimientos a toda una vida de escenas transcurridas, pero que no pueden quedar atrás y que hay que guardarlas en ese equipaje simbólico, en lo más profundo del alma, para llevarlas con toda su música a ese destino final. La recopilación de ese Volumen 15, que algún día publicaré en este blog, es la que reúne en cada uno de sus temas ese escenario de todo un viaje vivido.

Lo importante es continuar nuestro viaje, en nuestro tren, hacia
nuestro destino, sin permitir que nos distraiga la tentación de
apearnos de él para viajar en el lujo de ese auto, con una
compañía dudosa, que pueda llevarnos al lugar equivocado
y perdamos la feliz ocasión de llegar allí, donde nos esperan.
(Painting Richard Wheatland)
Y continuando ahora con esa parte de mi obra "La música más hermosa del mundo", del álbum que yo titulé "El epílogo" y que estaba compuesto por los volúmenes 10 y 11, me queda por citar, aún, alguno de los temas del volumen 9, al que ya se hizo referencia en un post anterior, y una gran parte de los que integran el volumen 11.

Quiero recordar, cuando edité este álbum "El epílogo", cómo hice mis referencias intencionadas a los capítulos anteriores, tanto en la música como en el libreto de sus volúmenes, y cómo algo me impedía un final feliz para cada uno de los episodios que ilustraba. Pensé entonces que "quizá la belleza del desencanto podía más que la fortuna" y luego añadí en mi reflexión que "quizá mi apego a la bohemia romántica que padece mi corazón ensoñador y mi abandono a la imaginación más extravagante, me lleva a romper mi rutina pesimista, a pesar de la intensidad nostálgica de la música que inunda toda la obra". Es entonces, continué, cuando dije que "y es lo que ha hecho "el final feliz" o, al menos, el que se deja entrever para el lector, que se puede elegir entre ese desenlace o el mensaje que lleva a la reflexión final". Lo cierto es que, como ya sugerí en otras ocasiones, "la trama y el desenlace está en la imaginación de cada uno, según el significado que le aporte la temática de las bandas sonoras, no solo por separado, sino en su conjunto".

La ensoñación de esa escena del Sena, nos lleva al cuento de un
París en invierno, alfombrado de nieve, en esa estampa de un
anochecer envuelto en la magia de colores y sonidos.
"A scene of la Seine" es una descripción musical que hace Yuhki Kuramoto, en el tema 2 del volumen 11, y que impregna la "seña evocadora de un París de cuento", al que el propio Rusty reconoce que se debe. Una estampa musical maravillosamente dedicada... "a un París latente, pero que emerge constantemente, y en el que se mezcla la ensoñación de un amor imposible, pintado con el acordeón, el violín, los cafés bohemios, la magia y la soledad de las calles y bulevares, el Sena (¡cómo no!), los lugares lejanos y exóticos, y un cuento siempre encubierto entra la prosa y los versos del libreto". (Clic en este título y en el que aparece a continuación).

Y si la magia de esa ensoñación nos lleva a esa estampa antes
dibujada en colores y sonidos, ésta, la que nos describe Kuramoto
a través de su piano, nos hace ver ese París y su Sena, azulado,
en una maravillosa soledad que nos hace devolvernos a una
reconciliación con el mundo cercano a esta etapa de nuestro
viaje y quizá reencontrarnos con nosotros mismos.
Y si la melodía del piano identifica suficientemente la escena de "La Seine" en ese maravilloso "París la belle", la cuerda del fondo orquestal que la envuelve quizá represente a "un soñador obstinado en sus recuerdos, vagando por las cercanías del Sena, envuelto en su melancolía". Como tal vez ese otro tema "París, Winder...", interpretado también por Yuhki Kuramoto e incluido en el Volumen 9, represente a un hermoso "París en invierno", con su nostalgia y su evocación, esa que nos lleva a los sueños de un Café de París en donde aún es posible representar la fantasía de nuestra vida. Recuerdo, cuando ya hace años dediqué el volumen de este disco a mis amigos, aquel pensamiento: "Debemos agradecer nuestros sueños, porque con la búsqueda del ansiado "deseo cumplido" y con el que, de fantasía, pintamos nuestro prodigioso circo o nuestro mágico café, conseguimos recuperar la ilusión perdida a causa de nuestras frustraciones y desencantos. Porque, no importa que escapemos de la cruda realidad; solo importa la calma para reconfortar nuestro espíritu, el que sigue encerrado en nuestra mente ocupada y obsesionada solo con llegar al anhelo y a la ambición de esa felicidad".

Es esa otra ensoñación que nos llega de esta pieza de Williams,
interpretada por un solo de violín y que nos lleva a refugiarnos
en la caricia del mensaje de su música y a entregarnos a esa
escena del cuento, la de la esperanza de aquel... soñador.
(Painting Anna Razumovskaya)
Contempladas así, con la sensibilidad de la música con la que hemos introducido esta crónica de sentimientos, entiendo lo que son para mí todas esas escenas descritas, sus sensaciones musicales y la sugerencia de sus recuerdos, los que me llevan a guardar, todo ello, dentro de ese equipaje del alma en esa etapa final de mi viaje y hasta ese destino desconocido, pero despreocupado y, a la vez, confiado.

En cuanto al resto de los temas, extraídos del cine y de sus bandas sonoras, el primero con el que abrimos este álbum y su libreto, es el "Theme from Schindler´s List", de John Williams y su BSO "La lista de Schindler", un film que dirige Steven Spierlberg en 1993 y que protagoniza Liam Neeson (clic en el título). De su música, la que siempre nos invade el alma, había que despojarse del sabor triste que nos trae el recuerdo del tema y de la terrible trama de la película, y buscar otro escenario a la melodía y a la ternura de las notas del violín y del resto de la cuerda. Al menos, habría que añadir, a la hermosa tristeza de ese inevitable mensaje con que nos acaricia su música, la luz de un ápice de esperanza, quizá la que busca incansablemente... el soñador del Sena. No es la versión que incluí en la pista 3 del volumen 11, sino otra que destila una pureza indescriptible y que interpreta el violín de Ann Fontanella, con el único acompañamiento de un piano como diálogo musical. En cuando la versión con esa nota maravillosamente triste y a la que antes me refería, me quedo con el "Theme from Schindler´s List" para cello, impresionante y genial interpretación de Luka Sulic, uno de los mejores cellistas del mundo. (clic en los dos títulos)

Lejos, o quizá cerca de sus recuerdos, se oye la melancolía de un
blues. Una voz rota envuelta en una música retrospectiva le hace
regresar a las escenas que tenía casi olvidadas.
(Melancolic Blues, de Nenad Mirkovich)
Recuperamos, ahora, a ese "soñador del Sena", "viajero de un París de cuento", personaje ya conocido en "La música más hermosa del mundo" y que ya nos visitó en los anteriores libretos de la obra y en parte de la música de sus álbumes. Y nada mejor que reanudar, a continuación, las piezas musicales que llevan ese toque parisino de su acordeón.

El tema "Sur les quais du vieux Paris", del acordeonista Max Marino, es el primero de ellos y es el que describe el primero de los escenarios, porque así es como llega un atisbo de esperanza, pues parece que esa luz comienza a iluminar los muelles del viejo París (es el título del tema), que es el lugar por donde nuestro soñador transcurre, sin apenas darse cuenta que el amanecer ha dejado ya las sombras fantasmales de la noche y, tal vez, sus desencantos. La melodía del acordeón le hace despertar de su sueño y decide buscar la vida y el color de la ciudad. (Clic para los dos títulos).

Es el grupo de músicos que el viajero soñador encuentra cerca del
"Café de Violettes" (Oleo de Carlos Aragón)
En "Café Accordion", interpretado por Café Musique, extraído del álbum "The Dancer", nuestro nostálgico viajero encuentra muy pronto otro escenario más real y animado. Después de volver a pasar por una de las estrechas calles de la noche anterior, ahora a plena luz del día, y al llegar a una pequeña plazuela, aparece ante él un pequeño grupo de músicos; un acordeón, un violín, un cello y un contrabajo. Es una danza a ritmo de vals con un fragmento de compases en el que el violín interpreta la parte más romántica y emotiva, y es el momento en que él se siente trasladado a ese "lejano universo" de la noche anterior.

Sophie, acostumbraba a pasar sus lánguidos y solitarios atardeceres
en este café literario, el "Les Deux Magots", en esta pintura que
un artista quiso pintar para ella en sus buenos tiempos.
"Ballad du París", de Francois Parisi (clic en el título), es otras de las piezas musicales de la BSO de "Midnight in París", film al que ya nos referimos en el post anterior. En cuanto al mensaje que me inspira: "el viajero soñador", después de la fantasía de su recorrido que cree recordar en la pasada noche, algo le dice, al escuchar aquel vals lento, interpretado por un acordeón desde un lejano café, que puede encontrar un final feliz en su viaje. Tal vez, es aquel "Café de Violettes", el que solía frecuentar alguna vez su "amie Sophie", el que aparece al fondo en el óleo de Carlos Aragón; o quizá el "Café Les Deux Magots", refugio de sus atardeceres, y en la que la vemos ahí es esta pintura insertada en este texto, según luego me diría y antes de irse al cielo.

El viajero del relato, después de recorrer las estrechas calles de
un barrio perdido de las escenas de su ensoñación, encuentra un
lugar que identifica, aunque envuelto en esa neblina y lluvioso
atardecer. De pronto, se da cuenta de que ahí mismo, a su
derecha está el "Café Les Deux Magots". (de James Wyeth)
Pero... sigamos, pues continuando con esta pequeña historia que sugiere el entrelineado del libreto, la música nos introduce en un nuevo cuadro del escenario que ya hemos comenzado a contemplar. Así, vagando durante todo un día por calles, bulevares y plazas, sin destino fijo, perdido en aquel barrio casi irreal, el viajero soñador se adentra en una escena, tal vez imaginada hace tiempo, pero que él ya conocía. Y es la Berliner Salonensemble, la orquesta encargada de interpretar una música de otra época, quizá la que aparecía en aquel decorado que escenificaba su sueño, la que nos va a describir en este libreto la estampa que representa cada tema. Las piezas están incluidas en el álbum "Melodisches Intermezzo", del que hemos editado cuatro de ellas en el vídeo que reproduce el enlace (clic en el título del álbum).

El viajero de la noche "se despierta", de pronto, en las cercanías
de un café y en un lugar concurrido por gente... de otra época.

(Pintura del impresionista Konstantin Korovin)
"Andalousia", es el tema que describe el momento en que nuestro viajero de la noche, de vuelta a Montmartre, se despierta en las cercanías de un café, al parecer concurrido por gente que parece... ¿de otra época? ¿o... es que sigue soñando? La música es una evocación a Andalucía y cuando se acerca al café parece que, efectivamente, es una orquesta que recuerda al estilo de aquella lejana época de las pinturas del vídeo. El diálogo está interpretado por el piano, el clarinete, dos violines y el cello. Parece como si todos ellos quisieran enviarle un mensaje al "vagabundo" de nuestro libreto. Es el primero de esos temas del álbum "Meldisches Intermezzo".

El viajero soñador, ahora bajo la lluvia, ve una
sonrisa. Es la de su vieja amiga Sophie. Los dos
se encuentran en aquel lugar, cuando no
pensaban que volverían a verse. Y se abrazan.
(Óleo del bielorruso Leonid Afrémov)
Y de pronto, tras el marco difuminado y lluvioso de aquel boulevard de Montmartre, surge un rayo de esperanza. Algo parece escucharse a lo lejos, quizá demasiado lejos; es el sonido de una sonrisa. Es "Smile", un tema de John Barry para la BSO de "Chaplin". Es un vals convertido en sonrisa; el clásico y nostálgico tema del viejo Charlot, que nos recuerda también una sonrisa que nuestro "viajero soñador" ve en una imagen aún muy distante. No está muy seguro, pero... ¿es la sonrisa de ella? Al menos es la que ve desde los ojos de su fantasía. Sin embargo, cuando se acerca, vislumbra una imagen casi diluida por la lluvia y colores de ensueño, como si de una pintura impresionista se tratara. Y es el instante en que encuentra a su vieja  "amie Sophie",

El tema "Zwei Verlieble in Paris", que interpreta Jeff Conway String Orchestra y el piano de Silvester Stingl, para la BSO de "Dämmerung", describe a dos viajeros de la ilusión, "Dos amantes en Paris" (es el título del tema), Sophie y el nostálgico soñador. Los dos se encuentran después de pensar que jamás volverías a reunirse. Pero no es la relación sentimental entre ellos, la que ensalza aquí la melodía que interpreta el piano y la cuerda, sino la del desafortunado romance de cada uno de los dos amigos, para quienes el destino les arrebató su corazón amado.

Tras su encuentro, el viajero soñador y Sophie, mientras cruzan
sus confidencias, se dejan llevar hasta la música de un lejano
café. (La pintura es un óleo de la rusa Elena Bond)
Vuelve ahora la "Berliner Salonenseble", que se encarga de representar el un escenario, con un guión esta vez más sugerente que encubierto. Y ello, a través de estos tres temas, descritos así en el libreto.

"Kleines Medaillon" (Pequeño medallón", describe cómo esas dos almas viajeras, que disfrutan con su encuentro y se reconfortan mutuamente, acaban contándose sus desdichas, sintiendo como una especie de consuelo cuando revelan mutuamente sus confidencias. El vals les envuelve de forma vaporosa y etérea, casi "amorosa", mientras conversan animosamente. Parece que quien lo interpreta es la misma orquestilla del café que apareció cuando él regresaba de su "ensueño". La música se va acercando, según los dos amigos se aproximan a aquel pequeño café. Se trataba del "Café des Deux Moulins"; un café-braserrie ubicado en Montmartre, cercano al Moulin Rouge y al Moulin de la Galette, y que se hizo famoso en el 2001 porque fue escenario de Amelie, la camarera protagonista del film.


Es el Café les Deux Magots, que él reconoció ver en la primera
escena de su viaje imaginar. Un café que se fue transformando
con un aspecto de cabaret de época, mientras los dos amigos
se fueron acercando al lugar.
Más tarde, Sophie se da cuenta que tiene todavía un secreto que contar a su amigo; pero no es en aquel "Café des Deux Moulins" en donde desea hacerle su confidencia, porque no es allí donde se halla el motivo de tal secreto. Ella sabe muy bien de qué se trata. Pero algo le impide confesarle la verdad, algo se rebela en su interior; quizá no era su deseo llevarle hasta ese otro lugar, porque allí descubriría la presencia de alguien que no quiere que ella vea y que sabe que está allí. Entonces Sophie se da cuenta de su perfidia. Hay un sentimiento que no le deja ser sincera con él, pero también otro más fuerte, el de su lealtad como amiga y que la empuja a llevarle hasta aquel perdido y extraño café, que no era otro que el que creyó reconocer también en su perdido recorrido de aquel extraño amanecer, después de su ensoñación nocturna por las calles de un barrio quizá imaginado y cuyo rótulo luminoso identificaron como "Les Deux Magots", un café literario situado en Saint-Germain-des-Prés, que en su tiempo era frecuentado por Verlaine, Rimbaud o Hemingway, entre otros, pero que ahora aparecía como un "Café chantant", algo así como un cabaret de la época.
El viajero soñador y Sophie, atraídos por la transformación del
café, se acercan hasta su entrada y cuando están dentro se dan
cuenta de que en su interior aparece una escena distinta del
ambiente que creían encontrar. Ahora es algo parecido a un
"café dancing" de "epoque"; unos músicos interpretando unos
valses para unas parejas vestidas de otro tiempo. (Estas

y las de debajo son imágenes del film "Midnight in Paris") 
El mensaje musical del tema "Du, immer wieder du" (Tú, una y otra vez"), otra de las "melodisches intemezzo", nos describe así esta escena. Ciertamente, él no comprende el motivo por el que su amiga Sophie tiene la intención de llevarle hasta aquel café, desde el que se escucha ahora este vals, el que toca aquella orquesta de "otra época". Pero es ahora, cuando está casi en la puerta del café, en el momento en que un viejo piano y los nostálgicos violines cobran cada vez más intensidad, cuando el viajero soñador empieza a sentir una especie de inquietud, algo así como una ansiedad por llegar cuanto antes al lugar. Él y Sophie pasan por fin al interior de lo que ahora parece como un salón de baile y se dan cuenta, sorprendidos, que el rótulo luminoso que aparece en el fondo lleva el nombre de "La fleur de la nuit" (aquel cabaret... de entonces). Es una especia de pequeño teatro, la orquesta al fondo, delante una pista en la que bailan varias parejas, y las mesas alrededor.


La pequeña orquesta envuelve con su música de otra época el
ambiente del café. Él y Sophie se dejan llevar por el vals
Él y Sophie, ya dentro de la sala, quizá sin darse cuenta, se abrazan para bailar aquel vals y se dejan llevar por la música y por la magia del ambiente. Sin embargo, él ya no repara en los músicos ni en la gente que llena el café y solo se fija en una imagen que cree ver al fondo del café. No está seguro, porque las luces del escenario le deslumbran y la música le aturde. Sin embargo, algo sucede, pues en tanto que él se acerca, la imagen que parece haber reconocido también se aproxima a él. Y sucede el milagro. ¡Es ella! ¡Es la dama de su cuento! ¡Es... "la fleur de la nuit"! La creía haber perdido, porque siempre desaparecía en la fantasía de esos relatos de "La música más hermosa del mundo", entre los que la había intentado encontrar en la magia de un lugar llamado "Café de París".


Es el extraño ambiente de "época" del café en el que
el "viajero soñador" encuentra a la dama de su cuento

(Fragmento de "The Public Dance" de Jean Beraud)
El tercer tema de la Berliner Salonensemble es "Anette". Comienza la escena que describe la música y es entonces cuando nada les impide ya, ni al soñador ni a la dama soñada, abrazarse, emocionados por haberse vuelto a ver. Saben que, al menos por ese instante en que dure aquel nuevo encuentro, habrán hecho realidad sus sueños. Y también saben que nadie les podrá arrebatar que ese momento ya no se acabe, nunca más. Después se separan y ven a su alrededor una imagen casi como difuminada por la luz y el color que les envuelve. Entonces... se dan cuenta de que no saben si están soñando. Él ya no ve a Sophie; solo una escenografía impresionista que les rodea. Y en el transcurso de la música, los dos se dan cuenta que el piano comienza a improvisar unos compases; y después, el clarinete y el oboe de la orquesta empieza a desgranar las notas de una melodía que conocen muy bien. Su feliz sorpresa se hace mayor cuando escuchan el acordeón que acompaña aquel nuevo "Encuentro en París". Y algo les lleva a unirse de nuevo en un abrazo para bailar aquel vals.


El soñador encuentra a su dama soñada en un retrato, en una de
las paredes del café, y se da cuenta que no era con quien estaba
bailando aquel vals "Anette", sino con su amiga... "la dama" 
El soñador y la dama soñada siguen bailando, y bailando el vals de Anetteel vals de "La fleur de la nuit"hasta que se sumergen en el final de la ensoñación de aquel cuento, de un desenlace que nunca se había cumplido, y que esta vez aún no saben si va a cumplirse. Porque... algo ocurre, cuando el soñador parece despertarse y se da cuenta que en el rincón de un reservado de aquel café encuentra sobre una columna un retrato de su dama. Sí, es ella, la ha reconocido. Y ahora recuerda que era con Sophie con quien estaba abrazado, bailando aquel vals. Todavía no puede distinguir entre la imagen de la dama de su cuento y Sophie. Luego se acerca y ve que es ésta: "la fleur de la nuit".
   
El viajero soñador y su amiga Sophie salen del café, en el que en
interior reconocieron como "Le fleur de la nuit" y ahora vuelve a
aparecer en su rótulo "Les Deux Magots" y el mismo ambiente
del exterior que encontraron cuando llegaron.
Y el último homenaje de esa semi-oculta historia que describe la música y su libreto es, precisamente, otra versión del "Encuentro en el Sena", tema insignia que da sinfonía y color a la obra "La música más hermosa del mundo". Y es "Anette", una curiosa versión que interpreta la Jeff Conway String Orchestra y acompaña el piano de Silvester Stigl, remasterizado y editado sobre el "Anette" original de Jan Holland, con su acordeón; tema que sirvió para la BSO de "Dammërung". La música sirve de evocación del escenario que representa aquel encuentro imaginado del viejo soñador con su dama soñada, y que buscaba en aquel viaje.

Quizá sea el hada vestida de blanco, aquella perdida
en un cuento. La música que envuelve los sueños,
que está ahí en los recuerdos.

Dejamos aquí la sugerencia y el guiño de ese cuento que aparece en este libreto, y terminamos así el playlist de temas con uno muy emotivo del maestro Georges Delerue, especialmente nostálgico, sinfónicamente melancólico, quizá una conclusión musical que, como su título "End credits", viene a decir:

"No temas volar sobre el viento
ni dejes pintar sobre azul
la música que envuelve tus sueños;
pues siempre estará en tu recuerdo
la magia y el color de sus alas,
de un hada vestida de blanco
aquella perdida en tu cuento"


Y quedamos también, tras el mensaje simbólico de estos versos, la sugerencia y el guiño de ese minicuento relatado en el libreto de los temas que anteceden, y que también los envuelve y les das color la música de este tema. Porque el guiño entre "el soñador y Sophie"  es una relación metafórica en la que "el personaje, un viajero de su propia vida, busca la esperanza para ver la realidad de su ilusión. Y aunque encuentra esa esperanza, pues ella es Sophie, en su deseo de recrear su fantasía, solo descubre que lo que ve es el destello de sus sueños". Afortunadamente, al menos, al final... le queda la esperanza para continuar el júbilo de su viaje.


"El tiempo transcurre y las escenas de la vida pasan, algunas dejan
marcas imborrables; incluso hay escenas que determinan destinos
inmutables. Es la música, la que las envuelve de aromas y
colores, de nostalgias y recuerdos con sabores
Константин Разумов (Konstantin Razumov)
"End credits", del citado compositor Delerue, es la música final de la BSO de "Memories of me" (No somos perfectos, ni falta que hace); magnífica música de cine para una película mediocre, por cierto. La versión más melódica, editado en un tema más extendido, ya formó parte del "Volumen 10" en el post anterior. Lo he incluido aquí, lo mismo que en el volumen anterior, como homenaje a ese tiempo que pasa, deja marcas imborrables y destinos inmutables en la vida, a propósito de la referencia a la metáfora de ese viaje que hacemos a lo largo de esa vida, quizá en su última etapa, tal vez en la más dorada de su recorrido, y al que me refería al inicio de esta crónica literario-musical.


Es "La Belle Dame de La Seine", puede que la misma que dio vida "La
modiste sur les Champs Elysees", de Jean Beraud (es un detalle de
su pintura). Es una de las escenas que recuperamos "rebobinando"
nuestro "visor de antigüedades", para encontrar, tal vez, aquella
dama soñada. Es quizá el montaje de nuestra propia ensoñación.
Y ello, nos recuerda que "hay relojes que marcan las horas de un instante en el que se puede recrear una vida entera". La música, además, me devuelve aquel pensamiento que tuve una vez: "Sería fantástico poder burlar el tiempo, rebobinando las escenas más desafortunadas de nuestra vida, dando marcha atrás al reloj, para mejorarlas o cambiarlas". Aunque, sin duda, también "sería fantástico poder hacer un "montaje", no solo temporal, sino con los destinos que "el gran reloj" de la vida marcó para cada uno de nosotros". Y quizá, lo que ocurre es, como también dije", "el tiempo no es decidido, no suena su campana, pues el destino lo ve vasar y si éste está con nosotros, lo pone a nuestro lado, puede que para protegernos y cuidar de nuestros sueños".


Lo cierto es que, y ya para terminar, "debemos sonreír al mundo, pero desde el corazón, aunque lo veamos tenebroso e indiferente, porque así podremos seducirle y tal vez -solo tal vez- él nos sonreirá también".


Un hada sobre las blancas nubes, quizá Sophie, vestida de la joven
que era allá decenas de años atrás, en sepia y desde el azul del cielo,
busca hacer realidad un sueño. Aunque parece impedir que "el viajero
soñador" encuentre a su dama. Sin embargo, "la dama soñada" es el
destello de la noche, y su "Smile" aparece mágicamente en la fantasía
de las calles de París y allí, en la pintura de Jean Beraud, y en aquel
retrato, en "La fleur de la nuit", en donde finalmente se desvaneció.
Puede que no lo parezca ¿o si?, pero... ¿no es la misma dama, la del
cuadro de Beraud y esta imagen sobre el texto? No importa el paso
del tiempo entre una y otra escena; en la imaginación... todo vale.
ACLARACIONES PARA EL LECTOR: Se dice que casi todos los escritores deben enfrentarse a diario a una barrera de temores. Unas veces, porque lo que se narra puede aludir a quienes se sienten identificados con el personaje; otras, porque se describe a un personaje en primera persona, con tal afinidad al perfil del autor, con tal parecido, que puede asemejarse uno y otro, como la misma persona.

Por tanto, ni las imágenes insertadas en este post y en otros, ni los detalles descritos en la narración deben confundir al lector. El contenido de los libretos debe entenderse, por consiguiente, como producto de la ficción que la imaginación del autor ha vertido en la obra, inspirado por la música o por su propia ensoñación. Y son, en todo caso, licencias del autor. Porque, en la literatura... "todo vale". De todas formas… nunca se sabe... quizá el teatro de la imaginación… a veces, se desarrolla a partir de los instantes reales y de las escenas que transcurrieron en el tiempo. A veces, la ilusión de ciertos personajes son creados de la propia realidad... a veces.


Ángel González "Rusty Andecor"