lunes, 16 de mayo de 2016

"Cinema Paradiso" (remake) / Música de Evanthia Reboutsika / Accordéon de M. Perrone, T. Murerne, L. Corchia, J. Corti, D. Boulé, J. Holland y Yann Tiersen / Music Box (G. Delerue) / Piano: Richard Clayderman y Brian Crain / Cello: YuJeong Lee

Siempre hay una "dama vestido de blanco" , quizá es la eterna escena
que alimenta nuestros sueños, y que aparece en los azules del
mensaje de la música. Su melodía es la que nos recrea la película
cuya trama, tal vez, extraemos de lo mejor de nuestros recuerdos.
"Crear una canción es tan sólo dar forma a un sentimiento" (Eric Clapton)

Y tal vez, por esa razón; el genio del blues y unos de los precursores
de la renovación del rock
en las pasada décadas,
creó una de las más emotivas canciones que se han escrito en la historia de la música:
"Tears in Heaven(clic título)

Y en cuanto al color y la forma que pone la música en el sentimiento...
  
"Cuando escuchamos la música, no importa desde donde venga su sonido, nos sentimos identificados con su mensaje. Y de la melodía que nos llega, no importa el color de su sentimiento, es el universo mágico que envuelve nuestros recuerdos, y según nos adentramos en su trama, el que nos hace soñar".
  
(Rusty Andecor)

La música fluye, a veces, desde los confines de la imaginación, y son
los iconos musicales que guardamos en nuestro archivo mental, los
que nos llevan a la evocación de nuestra película de recuerdos.
El filósofo alemán Georg Wilhelm Friedrich Hegel dijo "La música debe elevar el alma por encima de si misma, crear una región donde, libre de toda ansiedad, pueda refugiarse sin obstáculos en el puro sentimiento de si misma". Por tanto, es esa la región, con su forma y sus colores la que nos va a mostrar, en la dimensión de la ensoñación, el escenario de lo mejor de nuestros recuerdos. En definitiva, y utilizando el extraordinario recurso de "la música más hermosa del mundo", conseguiremos recrear una fantástica película en la que podremos contar con un libreto íntimo y original, y cuyo argumento estará envuelta con el conjunto de toda esa música.

En ocasiones, la música que interpreta esa "dama vestida de blanco"
me sugiere la fascinación de ese destello subliminal, representativo
en la imagen de una ilusión que se difumina desde algún personaje
real conocido o, tal vez, el que yo he querido mitificar desde el
universo de mis sueños.
Entre todos los filmes seleccionados en mi obra, pero sobre todo, entre toda la música de sus bandas sonoras, encontré y escogí la de "Cinema Paradiso", porque era el guión y la música que más se asemejaba a la fragancia de mi alma ensoñadora, pero también a la intencionalidad de mi ensayo literario-musical.

Si Cinema Paradiso es una historia en la que el flash-back rememora episodios pasados de los personajes del film, la composición de las escenas del vídeo, editado con la música de fondo de su banda sonora, es una retrospectiva de las escenas más emotivas de algunas de aquellas películas que formaron parte del álbum musical, y que incluye un inicio y un final con dos fotogramas del film "Tiempos Modernos", con Charlie Chaplin y Paulette Goddard, en el comienzo y fin del vídeo, respectivamente. Una composición en un vídeo que yo titulé: "La música más hermosa del mundo. Cinema Paradiso" en una versión del tema del compositor y pianista William Joseph, (clic en el título) y que se incluye en el "Volumen musical nº 15", aún sin editar.

El artista del violín se recrea, a veces en sus sueños, porque
debe encontrar su inspiración interpretativa entre la
partitura de la música y su escenario imaginativo.
Si Cinema Paradiso es un idilio entre el protagonista del film y el Cine, la escenificación de fotogramas seleccionados en el vídeo, en conjunción con la música del “Love Theme” (clic título), en la versión intimista de William Joseph que nos recrea el piano y la cuerda, es un romance entre el alma ensoñadora y apasionada de ese otro protagonista anónimo que se deja entrever bajo la sugerencia de la música y el mensaje de su libreto.

Y como dije ya en mi crónica anterior, cuando describí esta soberbia obra maestra del cine: Cinema Paradiso, tal y como yo la veo a través de mi romántica imaginación, es un canto idílico al paso del tiempo y a los recuerdos. Dije entonces que "La vida es una película llena de sueños". Y Cinema Paradiso fue la mejor representación que pude encontrar para sugerir toda una sinfonía onírica, la que siempre pretendí dibujar musicalmente en esta parte del álbum y en toda la obra de mi colección.

El "Café de París" no está en ningún lugar
secreto ni en la exclusividad de la fantasía.
Está en un lugar.. cualquiera, pero sí en
donde has de encontrar la inspiración para
guardar los aromas de las sonrisas que hay
en tus recuerdos y de los instantes que
jamás podrás olvidar.
Lo cierto es que fue esa melodía la que dio forma a un sentimiento. Lo cierto es que fue "Cinema Paradiso", en ese vídeo que edité con escenas de filmes que reuní en los siete primeros volúmenes, la música que mejor identificó el mensaje que me transmitieron los recuerdos de aquellos siete últimos años de mi etapa pre-dorada y pre-jubilosa. Precisamente, el volumen 7 que titulé "El adiós", fue el que edité, libreto y música, en diciembre de 2010. Entonces, cada volumen llevaba en cabecera la elección de una película y una banda sonora que daba carácter y significación a ese álbum. Y este último volumen de aquella primera parte de la obra tenía como referente el film "Cinema Paradiso".

Recuerdo que cuando comencé mi aventura, en este nuevo viaje que transcurre en esa "etapa dorada" a que tanto me refiero ahora, tuve ocasión de descubrir aquel lugar secreto y mágico, precisamente en la dimensión que yo entonces ya conocía muy bien: el de los confines de mi imaginación. Y cuando puse argumento a mi "volumen 8", el primero de la segunda parte de mi obra literario-musical, lo reconocí con un nombre... quizá demasiado sugerente: "El Café de París". Por esta razón, en aquella introducción que escribí en ese capítulo, lo definí como "el lugar en donde se guardan los aromas de las sonrisas y los instantes de los recuerdos que jamás olvidaremos".


Hay momentos en que "la puerta de los sueños"
está delante de nosotros, enmarcada y en
colores sonrosado pálido o sepia, mientras
contemplamos la escena que aparece en
nuestra imaginación, y que sin duda nos
ha de sugerir el mensaje de la música
que escuchamos.
Aquel volumen 8 llegó a ser... algo así como un "cinema paradiso musical" en el que quise rememorar muchos de los viejos y buenos recuerdos escenificados en la música que, como recuperados mediante un flash-back de temas del cine, pude seleccionar en este tomo de "la música más hermosa del mundo", que reuniría partituras con un carácter muy heterogéneo entre ellas.

Y añadí en aquella introducción que "no deberíamos resistirnos a entrar en ese "café de parís", teniendo tan cerca la puerta de los sueños, la entrada que nos permitiría llegar a esa maravillosa música y a su magia, la que nos permitiría contemplar las escenas y personajes que van a sugerirnos la intensidad de su mensaje musical".

Entre los temas de esos volúmenes 8 y 9, los que componían ese "Café de París", y que van a envolverlo con su sonido, su color y el aroma, tengo que destacar en la selección a Evanthia Reboutsika, la compositora turca que puso su banda sonora a filmes tales como el conocido "Un toque de canela". Temas que describen escenas fantásticas y ensoñadoras: "To askeri kai efhi - Thalassa pao iliotropio" o "To askeri kai efhi - Ta gelia tou kosmou". (clic en Evanthia y en los títulos).


Evanthia Reboutsika, acompañado de algunos de los músicos de
su banda, buscan siempre la inspiración en el exotismo de las
escenas que pueblan su imaginación. La originalidad de sus
composiciones la reconocen como una de los genios de la
música del cine y de la música mullti-instrumental. 
En la descripción de la música de estos temas que se incluían en el volumen 8 se hacía referencia a algunas conmovedoras escenas que protagonizaba el diálogo que alternaban la guitarra, la mandolina, el acordeón y la cuerda, como si de una confidencia íntima se tratara entre los personajes a los que se representaban. Hay un pasaje en el primero de los temas en el que unas nostálgicas notas describe "una sonrisa que quisiera acariciar y gratificar el corazón entristecido de quien sufre una decepción". Y hay otro pasaje en el segundo de los temas en el que, "a través de la interpretación animosa del acordeón, podemos ver al personaje descrito cómo se va alejando, triste pero resignado, en un crecendo jubiloso, que recuerda que de nuevo surge la esperanza".

La caja de música de ese "Café de París" representa
de forma alegórica, a veces, el disparate de nuestra
imaginación; la música de ese acordeón no deja de
hacernos ver el reverso de nuestros pensamientos.
(Es una pintura Aaron Jasinski)
Definía al Café de París como "una caja de música" en la que se guarda la nostalgia de aquella música parisina que solía recoger en algunos de los álbumes que ya había editado en la primera parte de mi obra. Decía entonces, cuando comencé a escribir el libreto de mi "café de París", que "su caja de música, tan pletórica de recuerdos y de sueños, a veces es necesario destapar y abrirla, para escuchar la armonía deliciosa de sus melodías, los acordes de un nostálgico acordeón, la dulzura de un violín o del cello, la intensidad de las notas de un piano o el mágico carillón que hacía sonar la musiquilla de aquel joyero de música". Precisamente, este tema de Georges Delerue titulado "La Victorine" (clic título), perteneciente al film "La nuit americaine" de Francois Truffaut, que se incluía en el volumen 8, fue renombrado en ese álbum y en su libreto como "Café de París". En éste, se describe a un personaje ilusionado con encontrar a "su dama" en el café de sus sueños. Ella aparece, o él cree verla ¿o ve su reverso? y le pide bailar un vals, el vals de "la Victorine".


Como tampoco nunca sabemos si bailamos en la ensoñación de esa
escena nocturna que nos transmite la música o es la ilusión solo
de esa dama de rojo que nos parece tener en nuestros brazos.
(Es una pintura de Christian Vernet)
Según describe mi libreto para este tema y en aquel álbum, "en realidad, no era su dama la que bailaba con él, sino que su pareja... eran sus sueños. Él nunca sabría que solo bailaba con su propia ilusión, o quizá sí; aunque si así fue, habría preferido seguir soñando, con la luz de sus ojos y la fragancia de su corazón, todo lo que tal vez intentó guardar en la caja de música de aquel café.

Temas absolutamente clásicos, que salen también de esa caja de música, del "nostálgico acordeón", algunos ya publicados en posts anteriores, como "L´amant de St. Jean" de Marc Perrone,"La Roulotte", de Louis Corchia, "Place Montmartre" de Jean Corti. Algunos emblemáticos, por el mensaje que nos ha transmitido el cine, como "La Noyée" de Amelie, original de Yann Tiersen, pero en una versión anónima que me ha parecido excepcional. Todos ellos incluidos en el "volumen 9". (Clic en sus respectivos títulos)

El acordeonista siempre nos ha de transmitir el color de las
notas y el destello del mensaje de su melodía.
En cuanto a la descripción del mensaje de la música, del primer tema, la versión de "Mon amant de St. Jean" que interpreta el acordeonista Marc Perrone, dice el libreto: "se dibuja la complacencia amorosa de la pareja del relato que, ajenos al ambiente que les rodea, solo se dejan llevar por la danza de la melodía del acordeón". Y añade: "Las notas del vals les identifican con las luces pálidas de la madrugada como "les amoreux dans les rues de París".


Los dos personajes que describe el libreto, pasean por las calles
de la ciudad, departiendo saludos y buscando, tal vez, el ritmo
y regocijo de la musette que interpreta el accordéon.

(Es un óleo de Nelson Molina)
El segundo tema, "La roulotte", lo describe así el libreto del álbum, "es un vals que describe la escena de una mañana radiante de luz y de colores en las calles y en el cielo de París, aún con el suelo mojado de la lluvia de la noche anterior. El alborozo de las gentes que transitan por places, rues et boulevares, la que acuda a los parques, la que entra y sale de establecimientos y bares. Es la música animosa que describe con su ritmo y regocijo, la musette de Corchia con su accordion. "Les amoureux" de ese alegre París, aquellos que vivieron felices durante la noche en la bohemia de sus lugares, se adentran ahora entre esa maravillosa concurrencia para disfrutar de la mañana".

París-Montmartre. Escena matinal. (Cuadro de Ernest Descals)
En "Place Montmartre", según describe el libreto, "les deux amants se acercan ahora a la Place Montmartre y se entregan atentos y divertidos, paseando por su plaza y calles colindantes; se sumergen en el entrañable ambiente que les rodea; luego se paran contemplando a sus pintores, sus lienzos, sus dibujos y retratos, y se recrean en las tiendas de arte y en los puestos de souvenirs, comprando algunas de sus muestra para el recuerdo".

Finalmente, "La noyée", en la interpretación de un acordeonista anónima, "es un estallido luminoso de sonrisas matinales, con que celebran su acercamiento los dos personajes enamorado, en un afortunado encuentro".

"Anette" es el eterno "Encuentro en el Sena" del álbum, pero también
es un encuentro amoroso cualquiera, en una tarde de lluvia, en una
de esas calles parisinas, iluminadas con la pálida luz de sus farolas. 
Y no podía faltar el más simbólico de todos esos temas que evocan los colores, la luz y el sonido del mágico y ensoñado París. Es el tema que ya se publicó en un post anterior: "Anette(clic). Aunque yo lo subtitulé para mi obra como "Encuentro en el Sena". La versión interpretada por el acordeonista Milan Koran, aunque orquestado por Valentin Movtosky en la versión de Jan Holland, "Anette" es el "tema de amor" del álbum, el que pone toda la sugerencia de ese sentimiento musical que caracteriza al autor a lo largo de la obra.

Stephanie V., interpretando "Moan amant de St. Jean"
Entre esas piezas que se escapan de la caja de música, hay una versión muy especial de "Mon Amant de Saint Jean"(Clic). Es la que interpreta la voz dulce de Stephanie Valentin y que acompaña con su violín. Stephanie es una artista de origen francés, virtuosa del violín eléctrico y pintora de óleo. La tonalidad y el fondo rojo de la escena, y que vemos en la grabación y en esta misma imagen, forma parte de esa mágica ensoñación con el que he querido definir este "Café de París". El tema y su intérprete también aparecían ya en el post en que se hacía referencia a otra versión de "Anette" y a una selección del "volumen 9".


Es la dama del vestido de blanco, de niña, cuando aún escuchaba
ilusionada su melodía y contemplaba la luz que salía de su
interior, mientras pensaba: "Érase una vez..."
Y de esa melodía de carillón que nos recuerda a la cajita de música, recordemos una vez más esta versión de "Once upon a time" de Georges Delerue, perteneciente a la BSO "Joe Versus the Volcano" (clic en el título: el tema sólo son los 19 primeros segundos). Porque... lo cierto es que... "Érase una vez..." (es el título del tema) "...hace muuuuchos años! ...de una caja de música que tenía magia cuando se abría: se escuchaba aquella melodía, mientras aparecía un destello de su interior y se sentía un perfume. Pero un día, la adversidad del destino la quiso destruir, y desde entonces, la luz se apagó, el perfume desapareció y aquella melodía dejó de sonar". Lo cierto es que no tengo ya aquella música, pero la sustituí por esta otra, pues fue la que más se parecía.

Igor Stravinski dijo: "La música de la película debería tener la misma
relación con la película dramática que la que tiene el que toca el
piano en un salón con el libro que estoy leyendo". Supongo que a
veces es el entorno que envuelve el piano y la música interpretada,
lo que influye en el significado que comunica esa música.
Una vez más, aunque a veces no lo parezca, y como tantas veces dije en esta crónica musical, en mis reflexiones y en otros de "mis guiños" literarios, "el mundo es maravilloso", como canta Louis Armstrong en esa eterna canción. El tema lo escuchamos ya en este blog, dentro del quinto capítulo, correspondiente al mismo volumen, y ahora lo extraemos del tomo 6, de aquel álbum que entonces llamé "La despedida". Se trata de una impecable versión a piano que interpreta Richard Clayderman de este mítico "What a Wonderful World" (clic en el título), pues se pretende describir la majestuosidad de las notas del piano que contiene también el sonido de la caja de música del "Café de París". Aunque... para caja de música, encontré una "música de caja de carillón" con esta hermosa melodía y que podría ser una continuación del tema anterior, el titulado "Érase una vez...". Se trata de "What a Wonderful World. Music Box"


Al igual que la lluvia limpia los residuos de la contaminación y lava
la suciedad de las calles, la música también pone su color y su brillo
para embellecer el mundo que deseamos imaginar, ese que nos
proyecta el escenario de nuestra ensoñación.

(Es un óleo de autor, para mi desconocido)
Y una vez más, como decía en aquel libreto, refiriéndome a esa hermosa música, a pesar de las adversidades que conocemos en la vida, de la indecencia y la mentira del mundo, de la hipocresía y la farsa de nuestros más allegados, "nos encontramos con gente sincera, honesta y maravillosa, y volvemos a reunirnos con quienes nos dieron la espalda y nos mostraron su falso rostro, ahora cambiados y deseosos de volver a ser nuestros amigos. Luego, volvemos a casa y cuando estamos en ella, nos damos cuenta de que el mundo es maravilloso". Pues viene aquí, a propósito, esa frase que cito en mi ensayo sobre "Mi etapa dorada y jubilosa", publicado en el blog "Rusty Andecor" y que tanto he repetido: "El color del mundo no es exactamente como lo vemos, pues a veces lo enmascara nuestra propia tolerancia y nuestra bondad innata; por ello no vemos la capa de mugre que cubre su auténtico tono y su engañoso brillo, el verdadero. Como tampoco vemos ese matiz pútrido que degenera y confunde el que queremos ver, el que nos enseña o nos proyecta, como una ilusión, la verdad inexistente". Y es que también la música, como nuestra tolerancia y esa bondad que en el fondo nos identifica, envuelve con su poesía y sus bellos acordes los falsos colores del mundo y su brillo engañoso.

Me la envió mi amiga Ana Vanesa (de Facebook).
Supongo que ella pensó que la mujer de la pintura
se parecía bastante a Sophie, al menos en aquella
época en que salía ir a aquel café a "endulzar
la amargura de sus sinsabores y  desencantos".
(Pintura de una autor anónimo ¿o la pintó Ana?)
Finalmente, no quería dejar atrás uno de los últimos temas del "volumen 10", y como continuación de esa historia casi encubierta, relatada en el capítulo anterior, desde la sugerencia de la imagen de esa "dama soñada" de la noche que aparece al final de ese post. Se trata de "Parlez-moi d´amour" (hacer clic en título), de la compositora e instrumentista Dana Boulé, perteneciente a la BSO de "Midnight in París". Y tampoco quería dejar de recordar aquella descripción conmovedora que recogía, como autor del libreto, ¿en la irrealidad de una escena? ¿entre unos personajes quizá difuminados por la confusión de la historia? No sé..., pero lo que sí estoy seguro es que en mi "visor de antigüedades" me es posible recuperar alguna vez aquella vieja escena. Y es mi propio personaje el que me habla: "Él me dijo: -"Me recuerda a... "mon amie Sophie", o quizá... ¿a ella?". Y añadió: "Allí... en aquel café..., a donde solía ir a endulzar sus amargos desencantos con un café, o quizá... ¿a donde "ella" iba a buscar aquella vieja ilusión para encontrarse con su destino?".


Como tampoco volvió a llevar a la soledad de la mesa de su café de
invierno la poesía de sus desilusiones. Sola quedó su mesa durante
mucho tiempo, me dijo Bernard. (Óleo de Jonelle Summerfield)
Supongo que "Sophie no volvió a llevar sus sinsabores y desengaños a la soledad de su mesa, en su café, aquellas desilusiones que luego convertiría en poesía, porque -así pensé yo- encontraría la luz de sus sueños en otra parte". Sin embargo, aunque esto fue lo que supuse cuando escribí el libreto para ese décimo capítulo, el que acompañaba a su álbum musical, después, hace ya tiempo, supe que Sophie no pudo encontrar esa "luz de sus sueños" y que se fue para siempre a otro sueño del que ya nunca volvería a despertar. Sin embargo, lo más sorprendente y triste para mi... fue llegar a saber un día que esa "luz de sus sueños" era... precisamente el que la llamaba "mon amie Sophie".


Es la "Escena a medianoche en una calle de París" (clic), la que
aparece en ese extraño y onírico universo de mi imaginación.
Hay una escena en el universo de mi imaginación, la recuerdo muy bien, parecida a la de la secuencia del film "Midnight in Paris", del que ya comentamos algunos de sus temas musicales en el post referente a la película. Se trata de una escena que yo mismo edité y titule "Escena a medianoche en una calle de París" (clic en el título). Es una secuencia que concluye en un momento mágico y también en un beso. El diálogo discurre así: Ella le dice a él: -Pero ¿qué haces? Él le responde: -No lo sé, la verdad... no sé... pero me he sentido por un momento como si fuera inmortal".


Es la estampa de unos músicos zíngaros que tocan y bailan un vals
llamado "Nostalgia gitana", en un lugar y frente a una mesa vacía
del calor de una dama y que ahora ocupa.. ese "desconocido".
("Les Gitans", de Denis Nolet)
En cuanto a lo que supe de aquel café, cuentan... que cuando cae el atardecer, hay una mesa vacía, extraña, ahora en un lugar medio oscuro, que espera siempre a que un solitario personaje, también extraño, perdido en su rancio romanticismo, quizá como aquel nostálgico y viejo poeta, lleve allí la melancolía de su alma e imagine y escriba ese cuento que tanto le abruma en los ensueños de sus noches. Y en el transcurso de ese triste desconsuelo, el que siente aquel "viejo poeta" -¿tal vez por la ausencia de su dama?-, mientras ocupa ahora aquella mesa, cuentan... que a veces, por la noche, justo allí mismo y ante este "desconocido" personaje, un pequeño grupo de músicos, quizá zíngaros o gitanos, interpretan una danza en forma de vals, a los que acompañan una pareja que bailan la música. El vals se llama "Nostalgia gitana" y aunque no pude conseguir una grabación de un grupo de músicos zíngaros, podemos escuchar (haciendo clic en el título) una versión muy antigua que interpreta al acordeón Tony Murena.

La música surge, a veces desde la inspiración de una
escena que evocamos, y nos llega de nuestra "dama
vestida de blanco", la que representa la imaginación.
(Painting by Nenad Mirkovich)
Comenzábamos este capítulo diciendo... algo así... como... que "la música nos llega, no importa cuándo o de dónde; y cuando estamos inspirados, en un sentimiento o en la ficción de una escena que imaginamos, nos sentimos identificados con su mensaje y nos adentramos en su trama, con la que, algunas veces, ...ensoñamos". Y comenzamos con la música de un tema que nos traía innumerables secuencias del cine, algunas impactantes, porque envueltas en la melodía de "Cinema Paradiso", en un collage de instantes visuales, nos recordaban una parte de la historia de algunas de sus obras más representativas. La interpretación de esa versión de "Cinema Paradiso", de la mano del piano de William Joseph y el elegante montaje de cuerda con que se apoya la música, se corresponde ahora con un hermoso "slow waltz", empapado de sensibilidad y ternura, quizá de una nostalgia conmovedora, que solo puede ofrecernos esa fusión entre el piano y el violoncello, la que vamos a oír a continuación en esa pieza musical.

Ocurre, en ocasiones, que esa imaginación, en
forma de bella dama y vestida de blanco satén,
se intimida y se turba, y no quiere fijar la
mirada en la escena, porque es posible que

la ilusión sobrepase el límite de su universo
de los sueños (Óleo de Nenad Mirkovich)
No he podido evitar, por tanto, coincidir con ese mismo carácter musical con el que iniciaba este post, ni siquiera he podido eludir una interpretación dirigida y marcada por la solemnidad del piano, para terminar un nuevo capítulo de "La música más hermosa del mundo". uno de los que más me ha impresionado mientras lo escribía, quizá porque me haya sumergido muy en el fondo de la música de ambos temas, y quizá también porque me hubiera metido en el papel del personaje encubierto, descrito en el libreto del álbum. Se trata del tema "Spring Waltz", compuesto e interpretado al piano por Brian Crain, y al que acompaña el violoncello de la joven  cellista YuGeong Lee.

El tema no pertenece a ninguna banda sonora de cine, sin embargo, aquí y en la línea de la historia de mi libreto, podría decirse que es la música que pone el mensaje final del relato y lo hace a través de un diálogo tan hermoso como elocuente. El piano y el cello representan los dos eternos personajes de la historia. El piano pone el aliento y la esperanza, puede que en algunos pasajes deje ver un atisbo de ilusión, por algo es "el vals de la primavera"; el cello responde con tristeza, abatido y melancólico, quizá en los pasajes finales, con desesperación. No olvidemos, por cierto, de ese parecido de la voz de la mujer con el sonido del cello, aquella frase de Frank Sinatra que decía "Me impresiona su tono de voz, es como un cello".


"La dama del cello", ahora vestida de azul de
cuento, se debate entre los temores por lo que
presiente y se oculta al amparo de su cabello.
(La pintura es un óleo de Anna Razumovskaya)
Spring Waltz" (clic), de Brian Crain, forma parte de uno de sus álbumes de estudio, titulado "Piano and Cello Duet" (with YuJeong Lee). El tema también está incluido en el "Volumen 15", aún sin editar para el exclusivo disfrute de la "La música más hermosa del mundo", entre quienes la hemos seguido y admirado.

En cuanto a la secuela interpretativa del destino que depara a esos personajes que aparecen semi ocultos en el libreto de la totalidad de la obra, "se dice..." que tal vez eran los mismos que describía el viejo cuento y que ahora aparecen representados por la música del piano, por un lado, y la del cello, por otro. En su dueto, escenifican un intento de reconciliación mutua, cálida y afectiva, dando vida a ese diálogo musical. El piano, mediante las notas que interpreta, y desde su papel, reclama el acercamiento y la recreación de las escenas felices de un pasado ya lejano. El cello, a través de una melodía casi ajena a la del piano, ya al final de la composición, describe cómo se debate angustiosamente ante la dificultad de que llegue ese reencuentro. Y quizá... sean ellos mismos quienes, entre la tristeza de esas notas melódicas que se perciben en su interpretación, desdibujan y difuminan, casi en la lejanía ya más cercana al cielo, una definitiva y resignada despedida, en un clima sereno y dulce de inmensa paz.

¡Señoras y señores...! Quizá, parte de culpa la tuvo aquella
música, la del acordeón. Quizá, fue la ilusión de unos
personajes, los de la ficción. Quizá fue solo una fantasía,
la que siempre bulle, en nuestra imaginación. Pero con esta
trama y su teatro, y con la música que la envuelve; mis

queridos amigos... todos... ¡aquí se acaba la función!
(Ha sido ella, Patricia Kaas, la vedette del music-hall, la
que me prestó esta despedida, que ella sabe de finales
de conciertos y de la magia de cómo baja el telón)

Y nada mejor, hablando de Patricia, que ver de su
concierto, el de "Cabaret", una parte de espectáculo,
el que nos regala aquí la estrella, con su encanto
sugerente, en el tema "MON MEC Á MOI”   (clic aquí)
Por cierto... un piano un acordeón, un cello... y ella

Quizá es ahora el momento de considerar el significado de lo que sugiere lo que "queda en la mitad" de esas dos citas literarias de Stephen King, aquellas en las que decía "la ficción es la verdad dentro de la mentira" y "en lo que concierne al pasado, todo el mundo escribe ficción". Sin olvidar que el escritor inglés Julian Barnes dijo: "La ficción es una forma de contar la verdad. La novela descubre más verdades que los ensayos, documentales de televisión y todo tipo de trabajos basados en hechos".

Y a partir del mensaje que nos revela las frases de estos dos autores literarios, creo que debería de decir una vez más, sobre todo, a propósito de que hay quienes me lo han preguntado: De los personajes escenificados en el libreto de este post, así como de la trama de su relato, digamos que... "cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia" (aunque existiera "una similitud entre alguno de los personajes y acontecimientos de lo que cuento con la realidad incierta o con el escenario de la imaginación que extraigo de lo que parece que sucedió"). Y ahora pregunto, a quien hubiera llegado hasta aquí... ¿alguien lo ha entendido? ... ¡mejor que no!
  
("The Cellist", de Joseph Rodefer de Camp)
Finalmente... (y esto sólo es ya cosa del cello) Frank Sinatra, fue quien dijo, refiriéndose a la mujer: "Me impresiona su tono de voz, es como un cello".
  
Por ello, cuando escuché temas como "Theme from Schindler´s List", de Luka Sulic, o "Prayer", de Sol Gabetta, dije así:
  
"Comienza a hacer sonar tu cello
y sabré que es el suspiro de una mujer.
  
Haz rasgar sus cuerdas y escucharé la dulzura de su voz.
  
Haz gemir su música y sabré que es su llanto entrecortado"
  
(Rusty Andecor)


Ángel González "Rusty Andecor"

No hay comentarios:

Publicar un comentario